Anatomía de una relación

Juan Cruz
El País
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Lo que le ha pasado a Neymar es que ahora ya sabe que no compite con su compañero Messi y lo que le ha pasado a Messi es que de su entendimiento con el jugador brasileño depende la primera temporada del resto de su vida. En Neymar están la intuición y la inteligencia, y por tanto la eficacia. Messi lo pone a funcionar. El futbolista argentino no fue nunca un jugador egocéntrico aunque fuera un muchacho ensimismado; pero en esta nueva temporada ha empezado mostrando sus cartas: él juega, hace avanzar al equipo, sabe que aunque se lo exija a sí mismo no lo puede hacer todo él solo, de modo que en esos metros finales de sus escapadas ahora se encuentra con la parte más atrevida de su pasado: el remate a portería.

Este Barça, decía ayer en Carrusel Luis Suárez (el veterano esteta del Barça y del Inter), no se parece a los del pasado sino en la elegancia de su juego, pero su velocidad es mayor, su capacidad de recuperación es extraordinaria; se parece en que sigue teniendo a Messi, y que éste ha recuperado la sintonía consigo mismo y con el Messi que le faltaba, por ejemplo, el año pasado. Ese complemento directo es Neymar, que marcó dos goles que provenían del milagro que imprime a sus escapadas el argentino. El Athletic no fue comparsa, ni mucho menos; dejó en el campo crónica de su dignidad, pero a este Barça de las postrimerías le pudo el hambre, y Messi lo mostró como si le diera rabia que tan buen fútbol no tuviera el corolario de los goles.

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