Poco gol y exceso de broncas

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El Málaga hizo un esfuerzo descomunal en el Camp Nou. Las circunstancias de su planificación en esta temporada han dejado a Bernd Schuster un escaso elenco de 18 jugadores. En invierno solo un fichaje (Pablo Pérez) y tres salidas (Roberto Chen, Fabrice Olinga y Bobley Anderson). Ayer, convocatoria ajustada porque Jesús Gámez y Weligton, sus líderes en la defensa, están lesionados, lo mismo que Eliseu, Samuel y el holandés-marroquí El Hamdaoui, incorporado desde la Fiorentina como delantero referencia y eternamente lastimado. El entrenador alemán no está nada contento con él. Para colmo, Roque Santa Cruz se retiró lesionado en la mitad de la primera parte y salió a jugar Pawlowski, que tampoco convence a su técnico.
El equipo de Schuster fue defensivo, sí, pero no cobarde. A los dos minutos de la segunda parte, Juanmi y Pawlowski tuvieron en sus botas el 1-1 tras un estupendo centro de Antunes. Después, la calidad del Barça desequilibró. Piqué, paradojas del destino, fue la pesadilla de un Sergio Sánchez, correcto y batallador como defensa central, pero que se pierde abroncando (cada vez que le enchufa la cámara se le ve de esta guisa) a sus compañeros. Error. Willy, como siempre el mejor de su equipo. le puso las pilas tras el 1-0. Excedió sus pulsaciones en una involuntaria patada a su compañero Angeleri. Fuera de esas consideraciones, el Málaga no ha marcado en once de 21 jornadas. Sin gol no se puede ir por la vida. Y el descenso sólo está a dos puntos. Peligro.



