Del gesto de Di María a la 'Grada Joven'
Maroto llegó ayer a la redacción con el chiste del día: “A Di María le va a caer un paquete”. Di María está incómodo, parece, y no sabe cómo salir del lío. Está en una fase en la que le estorban demasiadas cosas: Bale, que es buenísimo y con enchufe; Ancelotti, que está de acuerdo en eso; Jesé, que empuja; la prensa, que está; el Bernabéu, que le pita; y hasta sus partes pudendas, que reclaman atención cuando no se debe. El Madrid le expedienta y empieza por tomarle declaración en su televisión para que presente sus descargos. Ancelotti, de anchas espaldas, dice: ¿quién no se ha equivocado alguna vez?
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¿Desplante? ¿O sólo se estaba ‘acomodando las supercopas’, como dijo aquel día Hugo Sánchez? Cada uno lo tome como prefiera, pero el mal rollo es indisimulable, y las aturdidas explicaciones del jugador haciéndose el perseguido reflejan hasta qué punto está fuera de control. A este jugador siempre se le ha querido aquí, por su estupendo juego y su entrega máxima. Sólo que ahora ha venido uno mejor y en año de Mundial se ve en grave peligro de ostracismo. Es fácil de entender, pasó otras veces. Es difícil de solucionar, pero desde luego se soluciona peor con una mano en el paquete.
Fue una de las dos notas feas del partido. La otra fue el batiburrillo de la Grada Joven, o no tan joven (hay unos cuantos conocidos ‘tarras’ ahí), que se inauguró con ruido de reventa de entradas. La nueva cantera se nutre, entre otras fuentes, de los que pusieron la pancarta de Mou, el dedo y el camino, lo que habla de lo ‘edificante’ que es el propósito del tiempo que viene. A los otros les echan porque pelearon entre sí por las prebendas recibidas mientras alababan a Mourinho y vituperaban a Casillas y a la prensa. Estos otros debutan revendiendo entradas. Estoy impaciente por saber cuál va a ser la diferencia.




