Alonso tiene derecho a la intimidad
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Alonso es un personaje público pero que, como cualquiera de nosotros, tiene derecho a la intimidad. Calculando por encima, el asturiano queda expuesto más de cien días al año a las solicitudes de los medios de comunicación, sumando los de competición, entrenamientos y eventos organizados por sus patrocinadores. Es decir, un tercio de su vida. Y durante todo ese tiempo cumple con profesionalidad y cordialidad (asumiendo que puede gustar a unos más que a otros) con tales obligaciones. En este sentido, creo que su reacción al llegar a Porto Santo puede justificarse, porque se trataba de un viaje privado, de vacaciones, que merece la misma discreción y respeto que el de cualquier otro ciudadano, sobre todo cuando jamás ha mercantilizado su privacidad.
Lo peor del asunto es que incidentes como éste, difundidos por todo el mundo, causan un grave e inmerecido perjuicio a su imagen. Sus detractores aprovecharán la oportunidad para tacharle de nuevo de borde o prepotente. Yo no comparto esa opinión en absoluto, pero desde luego que debo respetarla, entre otras cosas porque se alimenta de argumentos como el que nos ocupa. Por eso creo que Fernando debería estar algo más preparado y prevenido ante lo que pueda ocurrir, saber cómo enfrentarse a lo que, en definitiva, es inevitable y gestionar con la misma eficacia que lo hace en los circuitos la presión mediática fuera de ellos. Así hubiera evitado que hoy, en Portugal, estén criminalizando lo que tan sólo fue una actitud espontánea y comprensible...




