Dos paredes, un muro de maratoniano
Con dos simples paredes, entre Gonzalo y Bellingham, desarmó Vinicius a un Espanyol que se jugaba mucho más que el Madrid en la noche de Cornellà, lluviosa como las escenas...


Con dos simples paredes, entre Gonzalo y Bellingham, desarmó Vinicius a un Espanyol que se jugaba mucho más que el Real Madrid en la noche de Cornellà, lluviosa como las escenas desoladoras de una película. Lo que acertó el astro brasileño, que se las tuvo con Omar (al que Gil Manzano, en su agrio reencuentro con el RCDE Stadium, expulsó hasta que el VAR se lo enmendó) y con todo el espanyolismo, equivale a lo que falló Terrats, ya fuera por precipitarse a centro de Romero, por estamparse su chut en la chepa de Roberto o por pasearse su zurdazo a la derecha de Lunin. Otras es que si al Espanyol le condieran un diez por ciento de gol por cada centro, habría ganado casi todos los partidos de los 17 que enlaza sin un solo triunfo.
Porque tras las paredes letales de Vinicius se esconde un infranqueable muro, similar al que muchos maratonianos experimentan a pocos kilómetros de completar su hazaña, que lleva experimentando desde que comenzó 2026 y, con especial hincapié, en estas últimas jornadas. Tiene alma y compite el equipo de Manolo González, pero su historia parece agotada como el de esas sagas que estiran el chicle hasta el hartazgo. Lo más alarmante es que todo esto sucede sin haber amarrado siquiera la permanencia, hasta el punto de que el descenso quedará a solo tres puntos si este lunes por la noche gana el Sevilla, para más inri próximo rival. Ya pueden preparar los piolets para no caer al vacío.
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