La habitual incomparecencia blanquivioleta a domicilio
La mochila de Escribá en los partidos lejos de Zorrilla empieza a cargarse de piedras muy pesadas de cara a la temporada que viene. Seis salidas: cuatro derrotas y dos empates.


El Real Valladolid se empeña en arrastrar la camiseta por toda España, también fuera de la península, en Las Palmas. Las buenas sensaciones de Escribá se van diluyendo y la permanencia se asentará en ganar en casa a los rivales directos y en que los demás fallen tanto o más que los pucelanos, más que una escopeta de feria. La mochila de decepciones del técnico valenciano empiezan a pesarle demasiado.
En deporte, en fútbol, se puede ganar, empatar o perder. Es así, es la esencia, pero la lógica, muchas veces, se impone. Si quieres jugar al fútbol, juegas al fútbol y sacas resultados. El Real Valladolid hace mucho tiempo, años incluso, que dimitió de ello. Trata de sacar resultados de una manera sorprendente y cercana a la magia. Como ganó el partido ante la Real Sociedad B, en el único disparo a portería. Eso no es lo normal. Lo normal es lo de Andorra o lo de Las Palmas, que el equipo que quiere jugar al fútbol, que genera ocasiones, se lleve los puntos. Un estilo, por cierto, completamente alejado al que se quiso imponer desde el club en el inicio de la campaña, apelando al fútbol moderno. Eso también lo está sufriendo el equipo ahora.
Ya desde la alineación inicial, Escribá sorprendió hasta a los más curtidos. Torres y Juric, el primer y segundo jugador más usado en toda la temporada, no entraban con la sospecha de que se les guardaba para el duelo ante el Real Zaragoza, lanzando un mensaje claro: nos importa más el partido del próximo sábado. Ni que decir tiene que esa sensación quedó corroborada con la entrada al campo del equipo que sufrió el segundo gol más rápido de la temporada, antes del minuto 2, sólo superado por el de Miguel de la Fuente, en el Leganés ante el Deportivo, a los 11 segundos, en la jornada 3.
Y, a partir de ahí, más de la nada más absoluta durante la primera parte. Los blanquivioletas eran superados como si la distancia entre las plantillas fuera de varias categorías. Como si se enfrentaran jugadores de Tercera RFEF y futbolistas del PSG o el Bayern. Eran aviones contra caracoles, leones contra patitos, un Porsche contra un Twingo... Tanto jugador por dentro para no dar tres pases seguidos, nula verticalidad y jugadores a los que el bueno de José Luis Rojí ni nombró en el Carrusel Valladolid de la SER. No pudo. Lo prometo.
Sólo a partir de la hora de partido, una menos en Canarias, los pucelanos parecieron llegar al partido, entender que no pueden desaparecer de los encuentros a domicilio, que tienen una responsabilidad al menos con la camiseta, con el escudo y la historia. Seis salidas, dos empates en los dos primeros y cuatro derrotas bochornosas. Por ahí creció el Lachuer más vertical, incluso Biuk, que marcó su primer gol después de 45 partidos, o Amath, que se echó el equipo a la espalda... pero la reacción llegó tarde.
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Y mención especial para el fin de semana de Carvajal con el primer equipo. Viajó a Canarias, no estuvo en la final del Promesas para salvar la categoría, pero tampoco jugó con el primer equipo... Afirma el técnico que por los cambios obligados por lesiones de jugadores... Suerte tuvo Escribá de que el equipo de Baraja se salvó... En fin, a ganar al Real Zaragoza y tratar de dar carpetazo a otra temporada nefasta. No se da cuenta el club, pero va perdiendo fieles con cada bochorno que perpetra...
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