Laporta está más nervioso que su equipo

Laporta está más nervioso que su equipo

Una vez finalizado el derbi de la semana pasada en el Camp Nou, Joan Laporta volvió a dar muestras de su pronto más surrealista. Cargó contra todo lo que se le puso por delante, destrozó el código protocolario tan meticuloso en la tribuna del estadio azulgrana y descargó su rabia de manera incontrolable, ante el asombro de muchos asistentes. No cabía en su cabeza la derrota frente al Espanyol, un rival históricamente ninguneado por la religión culé y al que muchos menospreciaron por llegar con urgencias históricas. La próximidad de ver al Madrid a siete puntos en cuestión de dos semanas desquició al mandamás, que no acaba de encajar el bajón que ha padecido el equipo de Pep Guardiola, tan normal como lógico, tan previsible como evidente.

Si una cosa está haciendo bien el entrenador es aguantar la presión, saber medir sus palabras y dar cariño a su plantilla: profesional hasta hace pocos años, Guardiola es como se le ve, tranquilo y sosegado. Defiende el preparador con lógica el momento del equipo, mientras que Laporta desearía que los pocos acérrimos que le quedan le felicitasen por haber conseguido ya el título de Liga, como si él fuera el que para, defiende, crea y finaliza. No son buenos días para el laportismo, más cuando parece asimilar que su íntimo Alfons Godall se niega a ser su delfín en la presidencia. ¿Por miedo al ridículo? ¿Por pánico a la situación? El presidente pasa momentos complicados y hoy sufrirá como nunca demostrando estar más nervioso él que su equipo.