Despidos a pares en los banquillos
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Han llegado las primeras destituciones en Segunda. No es algo novedoso, ya que responde a la voracidad de una competición que no tolera la derrota reiterada. Vidal y Granero han llegado al tope de la paciencia de sus respectivos presidentes, aunque la motivación de sus despidos no es la misma. Vidal ya no podía defender su posición. La clasificación copera no ha amortiguado la caída libre de un equipo con corazón, pero debilitado. El entrenador gallego salvó al Elche cuando llegó hace dos años, luego ilusionó y ahora cae en plena depresión deportiva. La valoración global debe ser positiva para una afición que ahora se encomienda al trabajo de Claudio Barragán.
Lo de Granero parece responder a un ataque de pánico. Quizás en Alicante han pensado que, visto el rendimiento de los otros recién ascendidos, su equipo debería estar a la misma altura. La derrota en casa ante el Huesca fue un batacazo, pero también es cierto que deben adecuar sus aspiraciones a su potencial. Granero no ha tenido el margen de confianza que se ganó con el ascenso y la directiva busca un revulsivo con 35 jornadas por disputar. Suena a precipitado.




