¿Puede hacer alguien caso a esta leyenda?
Valverde merece cerrar su ciclo de oro como entrenador rojiblanco con un gran colofón.


Los que conocemos al Txingurri cada día nos da más lástima ver cómo este hombre se va consumiendo. De golpe, parece que le han caído cuatro o cinco años esta temporada. Y no sólo físicamente notamos cómo se está apagando, también extrañamos su espíritu bromista, siempre animoso, con su vitalidad a prueba de bomba. En momentos de zozobra, con el instante más delicado en tres etapas irrepetibles que suman nada menos que una década, ha tenido poco menos que salir a mendigar apoyo. Para el equipo, claro, no para él, porque siempre se ubica en segundo plano. Deja claro, y van mil veces, que no está en un club más dentro de su dilatada y brillantísima carrera. Si el Athletic tiene un accidente, él siente la herida.
A punto de instalarse en la histórica cifra de 500 encuentros dirigiendo al primer equipo masculino rojiblanco, Valverde no piensa en la fotografía o la buena vida que le espera más allá de junio. Sigue desviviéndose por algo que en muchos casos no le llega ni a la suela del zapato. Que griten Athletic échale huevos es un sinsentido, porque si algo mantiene el equipo en esta crisis es la garra, lo que necesita es reconectar con el juego. Y recuperar el aliento y la comunión con la gente.
¿Qué pensará Terzic al ver que su cercano antecesor en el puesto pide ánimos y recuerda al personal que en sus 40 años en el fútbol sólo se han perpetuado en Primera el Madrid, Barça y Athletic? Antes de quemar todo, de montar las Fallas en San Mamés, ¿no podríamos explorar algo la vía del optimismo? Que todo es no, negatividad, amargura... Hay tanta negación que hasta tenemos unas no-elecciones y un exdirectivo como Igor San Román presentándose como un no-candidato.
Por favor, que este hombre, el que nos dio al fin la Copa soñada, está a punto de salir y se merece el mejor broche, o al menos el que pide, el de la unidad y la humildad. Nos hemos subido a la Champions y ya nos creemos el PSG, no se trata de bajar el habitualmente exagerado nivel de exigencia de este club, pero sí confiar en que aún la Conferencie es posible.
El fútbol moderno vive atrapado en la inmediatez. Cada partido parece un juicio definitivo, cada error se amplifica, y cada victoria apenas dura unas horas en el ánimo del aficionado. No hay que renunciar a la crítica —que es legítima y necesaria—, eso jamás, sino de ejercerla con sentido y sin caer en el ruido destructivo. Animar en los momentos difíciles, sostener al equipo cuando flaquea y respaldar al entrenador cuando arrecian las dudas son gestos que también construyen victorias. Respaldar a Valverde no significa conformarse, sino apostar por alguien que se ha dejado la piel en esta empresa.
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¿Por qué no pensar que si se gana al martes a Osasuna, la meta de Europa vuelve a estar más cerca que este engorro de la permanencia? Hagámoslo, aunque sólo sea por él. Para ir poniendo la base a una despedida que esté a su altura, si hay algo que realmente pueda situarse al nivel de grandeza de esta figura irrepetible. El club también ha lanzado una plegaria similar: “Athleticzales, os necesitamos”. Hola, ¿puede alguien hacer caso a esta leyenda?
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