Fiesta o drama para el Sporting
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Cuando ruede la pelota en el Molinón en el Sporting-Eibar la grada estará repleta, con los aficionados repartiendo su atención entre el juego de su equipo y los transistores que comuniquen las incidencias en los partidos del Málaga y la Real Sociedad. En juego está el ascenso y la ilusión de una ciudad entregada a su club, con las cámaras de Canal+ como testigo.
Cree la afición del Sporting que la historia tiene una deuda con su equipo. La década en Segunda ha sido un castigo duro y el orgullo de equipo grande de los gijoneses les impulsa a reclamar su sitio entre los mejores. El encargado de canalizar ese capital anímico entre los futbolistas es Preciado, un entrenador pasional, volteado con dureza por la vida, pero que transmite ilusión y compromiso. Su equipo es un reflejo de la personalidad del cántabro, que ha apelado más a lo humano que a lo futbolístico para lograr el ascenso. Con Gerard y Diego Castro sancionados, Barral encontrará sitio como titular para sumar su capacidad de remate a la de Bilic y Mateo. Como incómodo invitado a la posible fiesta está el Eibar que, a través de su presidente, no ha ocultado la intención de echar una mano a la Real.




