El Cádiz se tambalea
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Cuando empezó la temporada hubo un equipo de Segunda que se presentó con un empresario reconocido como nuevo presidente, con un entrenador de prestigio y con una plantilla completada con futbolistas de Primera. Ese equipo era el Cádiz y el pronóstico sobre sus aspiraciones era claro: equipo ganador para aspirar a todo. De aquellas ilusiones sólo queda la polvareda de una campaña catastrófica en casi todos los aspectos y en la que se va a jugar a cara o cruz su permanencia ante el Hércules. Los jugadores no han llegado ni de lejos a las expectativas depositadas en ellos y las finanzas tampoco son boyantes.
La aparición de Julián Rubio en el banquillo para salvar la temporada ha sido el recurso al sabio de la tribu, al guerrero que ha vivido tantas batallas que de su experiencia confían en extraer un buen resultado jugando a la desesperada. Situación triste para un equipo con fichas caras, que son las que pagan la calidad, las que premian a los que marcan las diferencias. Esta temporada esa diferencia no se ha visto y tras 270 minutos sin marcar un gol hay que ser un optimista convencido para esperar que la sequía acabe en el Rico Pérez.




