La apuesta charra por el buen fútbol
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En muchas ocasiones, la Segunda es una categoría desagradecida. Las concesiones al espectáculo son limitadas, prima el resultado, hay muy poco margen para la improvisación y la igualdad es máxima. Por ello, cuando se ve a un equipo dominar un partido con el toque, la velocidad y la precisión como armas merece la pena detenerse para analizarlo. Este es el Salamanca y su última víctima, el Elche. Los charros no son un prodigio de regularidad, pero si su nivel futbolístico fuera siempre el del Martínez Valero hablaríamos de un candidato al ascenso. Se guían por una forma de interpretar este deporte que, cuando les sale bien, obliga a sufrir al rival.
La actuación de Bruno y Jorge Alonso en el centro del campo fue brillante. Robaron, distribuyeron e inventaron con enorme criterio. Bien respaldados por una zaga plena de concentración, los centrocampistas de Martínez supieron aprovechar la movilidad de David Rodríguez y Postigo que abrieron huecos donde Quique Martín se movió con instinto asesino. Da igual en qué categoría esté un equipo. La forma de jugar y el estilo importan. Si los jugadores lo pasan bien, el espectáculo gana, ganamos todos.




