Míchel se apunta al nuevo orden

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Es curioso. Los elogios que recibió el año pasado Quique en el Getafe y que le han llevado en volandas a uno de los banquillos más apetecibles de Primera, el del Valencia, bien pudieron ser para Míchel. Él fue el elegido en las quinielas de Ángel Torres para dirigir a los azulones en su primera andadura por la élite. Su perfil cuadraba de lleno con la fórmula que más se lleva últimamente. Juventud, ilusión y nuevos bríos por encima de veteranía, experiencia y vieja escuela. Pero Míchel renunció. Unas calabazas que quizá le pasaron factura esta campaña, cuando también sonó para el banquillo del Coliséum. Su nombre estuvo en la terna de futuribles una vez más, pero ahora con menor fuerza. Finalmente fue Schuster -con una etiqueta muy parecida a la de Quique o Míchel, por cierto- el que acabó haciéndose con el timón del cuadro madrileño.
Estos tres técnicos, junto a los Mendilibar, Alcaraz, Emery o José, encarnan una generación que ha llenado de savia nueva los banquillos del fútbol español. Tienen un caché bajo, se les ponen los dientes largos cuando tienen oportunidades de lucirse y conservan aún frescos los aprendizajes del curso de entrenadores. Un método tan sencillo como efectivo. Así, muchos son los presidentes que han optado por darle un lavado de cara a su club y regenerarlo. El primer paso, cómo no, ha sido adquirir un técnico de este estilo. Es lo que ha hecho el Rayo de Teresa Rivero con Míchel, al que ha dado la opción de redimirse después de la ocasión perdida la campaña pasada. Esta vez el técnico madrileño no se lo ha pensado y ayer comenzó su difícil andadura. El ejemplo de Quique le ha enseñado que no hay nada que perder. Y que los trenes no pasan siempre.



