¿Y después de todas las horteradas?

Las marcas deportivas que visten a los conjuntos españoles se exprimen cada año para sacar al mercado un producto que enganche a los aficionados. Su objetivo no es otro que hacerles pasar por caja, con el inconveniente de tener que ofrecerles el mismo producto año a año. En este punto entra el ingenio de los diseñadores, que dan cabida a pequeños elementos diferenciales que tienen como objetivo esconder lo que todo el mundo sabe, que el cliente tiene que comprar exactamente lo mismo que ya adquirió un año atrás. A veces son los diseños, otras los colores e incluso los formatos, como en el caso de Camerún, que incluyó unas rajas en las camisetas para dar más credibilidad a su denominación de leones indomables.
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Pero las ideas se acaban y el límite existe, apoyado además por la normativa de la UEFA que corta las alas a aquellas marcas excesivamente innovadoras. Un límite, que viendo algunas novedades de la presente temporada, está cerca de rebasarse en la Liga española. Muy cerca.El segundo traje del Barcelona es el mejor ejemplo. El "chaleco", como lo denominan los propios jugadores culés, ha sido la sensación del verano, pero no precisamente por lo bonito del diseño. Los futbolistas ya han manifestado públicamente que no les gusta -no es de extrañar, por otra parte- y eso va en perjuicio de los intereses del club. Eso sin contar que la estridencia del amarillo fosforito puede afectar al juego, aunque de momento ningún rival se ha quejado por ello.
Y no sólo el Barça ha optado por los cambios radicales. El Atlético y el Deportivo también han querido usar sus segundos uniformes para dar rienda suelta a la imaginación y el resultado deja dudas. Lo importante será comprobar ahora si estas horteradas que no gustan a nadie se reflejan en un descenso en las ventas. Seguro que entonces los clubes abogarán por el clasicismo. No será más que una estrategia para iniciar de nuevo la rueda de ideas y reactivar el negocio.



