Qué bello es ganar y no salir a tortas
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Lo que no se vió por televisión fue lo mejor del éxito del Liverpool en Turín. Me contó ayer José Ángel de la Casa, el galáctico de las retransmisiones, que daba gusto ver cómo celebraron los de Benítez la machada ante la Juventus. Estaban tan contentos que parecían juveniles. Recibían a la gente como se recibe a los amigos en un equipo de barrio. Todo con naturalidad, con alegría compartida y contagiante. Graham Turner, oficial de Prensa de la UEFA en la Champions, era uno más en la fiesta, como Míchel, como De la Casa. Luis García, Xabi Alonso, Núñez, bromeaban con Riise, Baros y Carragher, con Rafa Benítez de anfitrión.
Hay dos modos de celebrar una victoria: con alegría o con una bronca en la cena posterior. La primera es la que se corresponde con los equipos que tienen ilusión, y la otra con la de los equipos que no la tienen. Ganar y contárselo a la Prensa para que lo trasmitan a los aficionados es lo normal y lo respetuoso. Ganar y no salir a hablar con los periodistas es lo anormal y lo irrespetuoso. Eso de que no ceno para que se jorobe el coronel no es de ganadores. En estos tiempos a los equipos de verdad se les reconoce no sólo por su forma de perder, sino también por su manera de ganar. El Liverpool lo ha demostrado donde otros han fracasado: en Turín y ante el hoy ya menos infalible Capello.




