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COVID-19

Sobrepeso, obesidad y COVID-19: ¿Cuál es el mejor ejercicio para adelgazar?

Una nueva investigación analiza qué tipo de ejercicio es el más recomendable para la pérdida de peso en personas con sobrepeso y obesidad, factor de riesgo para hacer frente a una posible infección y sus complicaciones.

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Sabemos que la obesidad se comporta como un factor de riesgo para padecer formas graves de la COVID-19. El 80% de lo pacientes que tuvieron formas graves de la infección que precisaron intubación, ventilación mecánica en la UVI y fallecieron eran obesos. Así pues, la obesidad es el principal factor de mal pronóstico en la infección por COVID-19”.

Son palabras de Susana Monereo, jefe de Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital General Universitario Gregorio Marañón (Madrid), que aboga por mantener un peso saludable y no solo por la irrupción del SARS-CoV-2.

“En nuestro país una persona con un peso normal tiene un 80% de probabilidades de alcanzarlos 70 años de edad; sin embargo, éstas se reducirán hasta el 50% si es obesa, dado que aumenta considerablemente el riesgo de muerte prematura por enfermedad cardiovascular, diabetes y/o cáncer”, añade la experta, cuyas palabras encierran una gran verdad: urge hacer ejercicio físico.

COVID-19: Complicaciones relacionadas con la obesidad

  • La obesidad se asocia con una disminución del volumen de reserva espiratoria y la capacidad funcional del sistema respiratorio.
  • En personas con obesidad abdominal, la función pulmonar se ve aún más comprometida si se encuentran en decúbito supino (por una disminución de los movimientos del diafragma, lo que dificulta la ventilación).
  • El aumento de las citocinas inflamatorias asociadas con la obesidad puede contribuir al incremento de la morbilidad asociada con la obesidad en las infecciones por Covid-19.
  • Además, por analogía con otras infecciones respiratorias, se considera que la obesidad puede desempeñar un papel importante en la transmisión de la Covid-19.
  • En el caso de la gripe A, la obesidad aumenta la duración de la eliminación del virus (el tejido adiposo puede servir como reservorio).
  • En el caso del SARS-Cov-2, se ha comprobado que también puede infectar el tejido adiposo y luego diseminarse a otros órganos.

Las pautas internacionales actuales recomiendan que a las personas obesas se les prescriba un mínimo de 300 minutos de actividad moderadamente intensa por semana para perder peso. Sin embargo, no está claro el tipo de ejercicio más eficaz para mejorar la antropometría, la aptitud cardiorrespiratoria y la salud metabólica en esta población.

Una problemática a la que ha tratado de dar respuesta un equipo de investigadores de la Facultad de Salud Pública, Fisioterapia y Ciencias del Deporte de University College Dublin (Irlanda) a través de un metanálisis, publicado en Obesity Reviews, realizado con el objetivo de evaluar, clasificar y comparar la eficacia de diferentes intervenciones con ejercicios sobre los marcadores asociados a la obesidad.

Al final, de los 6.663 trabajos analizados, se incluyeron 45 estudios con un total de 3.566 participantes. Y los resultados de dicho cribado muestran que, si bien cualquier tipo de intervención de ejercicio es eficaz en relación con un grupo control que no hace ejercicio, los resultados obtenidos en algunas de ellas en cuanto a la pérdida de peso inducida son modestos.

No obstante, las intervenciones que combinan el ejercicio aeróbico de alta intensidad y el entrenamiento de resistencia de alta carga ejercen efectos beneficiosos que son superiores a cualquier otra modalidad de ejercicio para disminuir la adiposidad abdominal, mejorar la masa corporal magra y aumentar la aptitud cardiorespiratoria.

Así pues, una vez más se constata que el enfoque más adecuado para lograr una pérdida de peso consistente es la combinación del entrenamiento de cardio y el de fuerza. La Organización Mundial de la Salud ya recomienda un mínimo de 150 minutos de ejercicio semanal como parte indispensable de un estilo de vida saludable que reporta numerosos beneficios a nivel físico y mental.

Y trabajos como el de la institución irlandesa refuerzan esa idea y añaden algunas claves interesantes referentes al tipo de entrenamiento ideal y a su duración, ya que los investigadores plantean sesiones físicas de entre 30 y 60 minutos al día -un máximo de 5 días a la semana- que se prolonguen al menos durante 8 semanas para poder obtener resultados patentes. Aunque la clave es que se logre adherencia al ejercicio y se convierta en la norma y no en la excepción.