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MVA-COVID-19: así es la primera vacuna del CSIC con posibilidades de éxito

Investigadores del CNB-CSIC, liderados por Mariano Esteban, ensayarán a partir de esta próxima semana en un modelo animal un candidato a vacuna basado en una modificación de la que se utilizó para erradicar la viruela.

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CSIC

Si hay algo que puede brindarnos algo de seguridad en los tiempos que corren es la certeza de que la ciencia no cesa en su empeño de proporcionarnos respuestas frente a la incertidumbre generada por el SARS-CoV-2, causante de la COVID-19. Lamentablemente no es un proceso sencillo y tardemos un tiempo en obtener soluciones, pero cada minuto que pasa estamos más cerca.

En la actualidad hay cientos de trabajos preliminares, y no tanto, sobre vacunas, tratamientos, epidemiología, genética y filogenia, diagnóstico y aspectos clínicos relacionados con la COVID-19 y semejante despliegue es en sí mismo una gran noticia. Existen pocos precendentes de un esfuerzo colectivo tan decidido y es de agradecer.

En nuestro país, por ejemplo, investigadores del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), iniciarán la próxima semana los ensayos preclínicos con animales, una vez que ya han obtenido un candidato a vacuna contra el SARS-CoV-2. El grupo que lidera Mariano Esteban junto a Juan García Arriaza está desarrollando una vacuna basada en una modificación del virus usado en la erradicación de la viruela en los años 70 del siglo XX: la vacuna MVA-COVID-19.

En qué se basa su trabajo

El equipo de científicos trabaja en crear vectores virales modificados de Vaccinia que contengan una proteína de la superficie del SARS-CoV-2 y que sean capaces de generar una respuesta inmune con capacidad para proteger el organismo ante la exposición al coronavirus. Basándose en la publicación de las primeras secuenciaciones del genoma del virus, a principios de enero de este año, los investigadores han optado por emplear la proteína S (spike), que está en la superficie del virus y le sirve para unirse a la célula del hospedador, además de ser el mayor inductor de anticuerpos protectores.

“Se han aislado múltiples placas de virus hasta conseguir las que contienen el gen de la proteína S. Queda ahora demostrar que esta proteína es estable y que tiene capacidad para inducir la respuesta inmune específica en un modelo animal, incluida la producción de anticuerpos que neutralicen al virus”, explica Esteban.

En este sentido, Juan García Arriaza explica exactamente en qué punto está la investigación. “El plan en los próximos meses es realizar una serie de ensayos en ratones para ver si nuestra vacua activa su sistema inmune, es decir, si es capaz de inducir anticuerpos y activar las células T, citotóxicas”, asegura el científico.

“En el caso de que los resultados sean prometedores, daremos un paso más en un modelo de ratón susceptible a ser infectado por el coronavirus para comprobar si nuestra vacuna es capaz de proteger a los ratomes infectados incluso con una sola dosis. Si esos resultados muestran ser prometedores y conseguimos una protección, ya estaremos en disposición de pensar en ir más allá para hacer un ensayo clínico en personas”, añade el investigador.

Una aproximación diferente a la de Luis Enjuanes

Al no emplear el virus SARS-CoV-2 completo, los investigadores pueden trabajar en condiciones de menor nivel de seguridad biológica y, por tanto, se requiere menos complejidad experimental a la hora de desarrollar la vacuna. Como señala el investigador, “nuestra aproximación es diferente a la del grupo de Luis Enjuanes (también del Centro Nacional de Biotecnología), ya que usa solo un componente viral y no el virus completo, pero es el componente más importante desde el punto de vista inmune y de protección”.

Fases del desarrollo de la vacuna MVA-COVID19

El proceso de generación de una vacuna pasa por varias fases, que necesitan varios meses cada una:

  • Primera fase. La generación del prototipo de vacuna en el laboratorio, mediante ensayos en células en cultivo, en el caso de la vacuna que investiga este grupo, aislando virus recombinantes que expresen de forma estable el gen del coronavirus SARS-CoV-2 relevante en protección. Esta fase ya ha sido completada.
  • Segunda fase. Se pueden comenzar los ensayos preclínicos con modelos animales con el objetivo de demostrar que la vacuna es inmunogénica y eficaz, es decir, que produce una respuesta inmune protectora frente al patógeno, y que es segura y no causa efectos adversos. Esta fase es la que está a punto de iniciarse.
  • Fase clínica con humanos. Está compuesta a su vez por varias etapas. En primer lugar, se evalúa su seguridad en voluntarios sanos, que no tienen la enfermedad, para confirmar que la vacuna no induce efectos adversos. Después se estudia su eficacia en personas que están expuestas al virus, para confirmar que se genera respuesta inmune y que esta respuesta inmune protege.
  • De manera paralela, se debe estudiar la manufactura de la vacuna a gran escala para confirmar que se pueden obtener los miles de dosis necesarias para la población y que conserva las propiedades con las que se había diseñado, manteniendo su eficacia y seguridad.

La aproximación a partir del virus Vaccinia ha conseguido inducir una alta protección con una sola dosis en vacunas desarrolladas por este grupo contra el ébola, el zika y el chikungunya. Y cabe destacar que el vector del virus, que se ha empleado en numerosos ensayos clínicos, ya cuenta con la autorización como vacuna frente a la viruela de las agencias reguladoras U.S. Food and Drug Administration (FDA), de Estados Unidos, y la europea European Medicines Agency (EMA). “Por eso creemos que la vacuna MVA-COVID-19 sería segura y se podría administrar a todo tipo de población en todas las franjas de edad, incluyendo personas con inmunodeficiencias”, concluye el científico.