Celtics-Sixers: vuelve la rivalidad histórica que creó el ‘beat L.A.’
Uno de los cánticos más famosos del deporte estadounidense nació sin los Lakers en pista: en estos playoffs vuelve uno de los grandes duelos de la historia.


Boston y Philadelphia, dos de los grandes ejes del deporte americano de la Costa Este y dos ciudades separadas por menos de 450 kilómetros, vuelven a cruzar a Celtics y Sixers en los playoffs, esta vez en primera ronda y por un puesto en las semifinales de la Conferencia Este.. Así que, por cuarta vez en los últimos nueve años, la NBA se prepara para revivir una de sus rivalidades más encarnizadas y legendarias. La mayor, seguramente, más allá del icónico Celtics-Lakers que subraya todo lo que tienen de polos opuestos los dos lados de EE UU. Si ese es un duelo Este-Oeste, dos formas de ver la vida, el Celtics-Sixers es una cuestión del Atlántico. Guerra entre vecinos.
Es una eliminatoria que podría haber parecido inesperada en la primera mitad de la temporada, pero que llevaba semanas siendo una posibilidad en un Este en el que, en la parrilla de salida, no se contaba demasiado (por primera vez en unos cuantos años) con estos equipos. Pero los Celtics han sido una certeza permanente, de equipo en transición (el cacareado gap year) a aspirante, para muchos el principal, a escapar del Este y regresar a las Finales dos años después de su decimoctavo anillo. Y todo en un año de teórico reseteo (se fueron Kristaps Porzingis, Jrue Holiday, Al Horford, Luke Kornet…) y en el que han conseguido rebajar sus cuentas sin dejar de ser uno de los mejores equipos de la NBA: el equipo que en el inicio del pasado verano apuntaba a los 500 millones de dólares en plantilla, algo nunca visto, ha acabado invirtiendo menos de 188. Un milagro, en los despachos de Brad Stevens y en la pista de Joe Mazzulla, que ha dado tiempo para que, la guinda, Jayson Tatum regrese y se ponga a punto: ha podido jugar 16 partidos, veremos si suficiente (parece que sí) para poder jugar ahora al ritmo que exigen los playoffs..
Tatum no jugó ninguno de los cuatro duelos (2-2 de balance) entre los verdes y los Sixers, una historia que empezó el 30 de noviembre de 1949, cuando los segundos todavía eran Syracuse Nationals (ganaron 87-71) y que se reabrirá ahora tras vivir su último capítulo el 1 de marzo (114-98 para los Celtics). EN total, 589 partidos con un 341-250 para la franquicia de Massachussets: 274-200 en regular season, 65-50 en playoffs contra unos Sixers que ascienden desde el play in, tras congelar a los decepcionantes Magic, y que como siempre viven pendiente de la salud de Joel Embiid. El camerunés solo ha jugado 38 partidos, menos de la mitad, pero en ellos ha demostrado que todavía puede ser un jugador (muy) importante. Pero una apendicitis ha alargado su maldición con los playoffs, a los que nunca parece llegar sano. Según los plazos de recuperación, podría irrumpir en plena eliminatoria, tal vez en torno al cuarto partido, aunque será cuestión de ver cómo están entonces las cosas. Tras el Sixers-Magic de la repesca, la cuenta del pívot está en 490-495: en su carrera NBA (siempre en Philadelphia: número 3 del draft en 2014), se ha perdido cinco partidos más de los que ha jugado.
Los Sixers son un equipo extraño, con un techo altísimo cuando todas las piezas encajan. El problema es que da la sensación, con el cielo siempre a punto de caer sobre sus cabezas, de que lo hacen cuando quieren, de manera ciertamente random y con el aire de malditismo que impregna desde hace demasiado tiempo a una franquicia de historia regia y que, en su mejor versión, podría ser temible: Tyrese Maxey, lo que queda de Embiid y Paul George, la irrupción de VJ Edgecombe (pick 3 de último draft), buen fondo de armario en la rotación… ¿Lo será ahora? Después de quemarse la mano por ponerla en el fuego demasiadas veces, pocos apuestan por una estabilidad tan volátil; y por un equipo que vive los playoffs del Este como si fueran un laberinto del que no escapan desde 2001, el año de sus últimas Finales.
Un brindis por la historia de la NBA
Este es el contexto, y ahora toca jugar, en el que resurge el recuerdo atávico de una línea sucesoria que va de Bill Russell contra Wilt Chamberlain a Larry Bird contra Julius Erving (y Andrew Toney, al que la prensa de Massachusetts llamaba el estrangulador de Boston) y, si se quiere, al intercambio de ráfagas de Paul Pierce y Allen Iverson en 2002 o el dominio verde de los últimos años, en parte gracias a un Jayson Tatum enviado a Boston por los propios Sixers, que en 2017 dieron su número 3 del draft, y otra primera ronda, a cambio del 1 de los Celtics para hacerse con Markelle Fultz, un base que en 2019 ya había sido traspasado a los Magic en una operación de poca monta. Los Celtics, que querían sí o sí a Tatum y sabían que no iba a ser elegido ni por los Sixers ni en el 2 por los Lakers (toda la NBA tenía claro que su baza era Lonzo Ball), bajaron al 3 encantados, hicieron caja y se llevaron al que iba a ser sí o sí su jugador, Tatum.
Así que la era de los Jays, un tramo de éxito sostenido que hizo cima (por ahora) con el citado título de 2024, contó con un empujón de los dos grandes rivales, Sixers y Lakers. De hecho un año antes, en 2016, los Sixers se quedaron en el 1 con Ben Simmons, los Lakers optaron con el 2 por Brandon Ingram... y Jaylen Brown saltó del tres al regazo de los Celtics. Esos caminos eternamente cruzados en el Atlántico vivieron un punto de inflexión crucial, uno al cielo y el otro al infierno, en las semifinales del Este de 2023. Los Sixers, en su gran intento con James Harden y Embiid, ganaron el quinto partido bisagra, con 2-2 y en Boston. De vuelta en Philadelphia y con (2-3 a favor) match point a favor en su pista, mandaban por los pelos (84-83) en el ecuador del último cuarto de un duelo abrasivo, de terrible congestión nerviosa. Ahí, en un momento de los de make or break (vivir o morir), se desplomó de forma estruendosa una oportunidad, y un proyecto. Los Sixers, que ni siquiera han vuelto a una final de Conferencia desde aquel 2001 mágico de Iverson, solo anotaron tres puntos más (86-95), un tiro libre de Maxey y una canasta ya en los segundos finales de la basura del suplentísimo Jared Springer.
En ese tramo, Tatum (el jugador que pudo ser suyo) metió cuatro triples. Los Celtics forzaron el séptimo partido y, de vuelta en el Garden, sacaron de la pista a unos Sixers afligidos, heridos de muerte: 65-33 entre el segundo y el tercer cuarto, 112-88 final. Después, Tatum y Brown todavía se llevaron otro costalazo tremendo (3-4 contra los Heat después de convertir un 0-3 en un 3-3) antes de su ascenso final al trono en la siguiente temporada.
Celtics y Sixers (Syracuse Nationals hasta 1963) se enfrentaron en playoffs seis veces en la década de los cincuenta y otras seis en los sesenta. Era una NBA con menos equipos y en la que, en gran parte por eso, las colisiones de los mejores estaban casi garantizadas en la carrera por los títulos. Después, solo un duelo en los setenta y tres históricos en los dorados ochenta antes de un goteo de más de dos décadas (2002, 2012) hasta la nueva era: 2018, 2020, 2023 y ahora 2026. Esta es la eliminatoria número 23 en una carrera eterna, por ahora 15-7 para unos Celtics que han ganado las seis últimas, todas desde la célebre final del Este de 1982 en la que no pudieron repetir milagro. Un año antes remontaron un 3-1, avanzaron en siete partidos a las Finales y ganaron el primer anillo del equipo liderado por Larry Bird. En 1982 volvieron a convertir un 1-3 en un 3-3 con el séptimo en su pista... pero (más sobre todo en breve) no pudieron culminar, abrasados (106-120) ante su público.
Es, en todo caso, la eliminatoria más repetida de la historia de los playoffs con cierto margen: ha habido quince Celtics-Knicks y se ha dado trece veces el Celtics-Hawks y el Lakers-Suns. La historia de ambos está, por eso, íntimamente entrelazada a través de unos enfrentamientos que son una cartografía, miguitas de pan en el camino, de su gloria y sus miserias. Los Sixers todavía Nationals ganaron los tres primeros duelos justo antes, no por casualidad, de que llegaran de golpe a Boston, en el mismo verano, KC Jones, Tom Heinsohn y sobre todo Bill Russell. La mayor dinastía de la historia del deporte estadounidense (once anillo en trece años) se apuntó siete de los ocho siguientes duelos, seguramente el más célebre el de 1965, un 4-3 sellado por un robo de balón inmortalizado por una narración legendaria de Johnny Most: “Havlicek stole the ball!”. A cuatro segundos del cierre en el séptimo partido, y con 110-109, el inolvidable alero (fallecido en 2019) apodado Hondo y que también había sido drafteado por los Browns en la NFL, se adelantó al pase que intentó Hal Greer a Chet Walker desde la línea de fondo, debajo de la canasta de los Celtics. Con ese robo, los Sixers perdieron la posesión y la oportunidad de avanzar a la final de la NBA, donde los Celtics ganarían a Los Ángeles Lakers su séptimo anillo consecutivo.
Un instante inolvidable en 1982
Estas dos franquicias apilan veintiún anillos (18 los Celtics, 3 los Sixers) y 29 Finales (23 y 6) a las que han tenido que llegar pasando uno por encima del otro en diecinueve ocasiones. De las colisiones en los sesenta a, también en los huesos de la NBA, la rivalidad salvaje de los ochenta. Una historia que se empezó a escribir cuando los Sixers se hicieron con Julius Erving, el Dr. J, en 1976 y Larry Bird llegó a los Celtics en 1979. Esas estrellas fueron los rostros principales de seis años de batallas extenuantes (el puente arcoiris hacia el Este de los Bad Boys de Detroit y los Bulls de Michael Jordan) que no entendían ni de amistosos: en uno, en 1983, se enlazaron tanganas hasta que el mismísimo Red Auerbach tuvo que bajar de la grada para poner paz.
Poco después, el 9 de noviembre de 1984, un partido de regular season se transformó otra vez en un ring cuando Erving se hartó del trash talking de un Bird que llevaba 42 puntos y le dijo “¿es que no piensas defenderme?“. Los dos acabaron expulsados y dejaron una foto para la historia, la del enganchón con Bird cogiendo por el cuello a Erving antes de que llegaran al jaleo jugadores como Moses Malone y un jovencísimo Charles Barkley. La cosa acabó con victoria de los Celtics (130-119) y 30.500 dólares en multas, 7.500 por cabeza para Bird y Erving. Fueron durante esos años, en todo caso, dos de los grandes equipos de toda la historia: por los Celtics, además de Bird, pasaron por esos duelos Kevin McHale, Robert Paris, Dennis Johnson, Danny Ainge, Gerald Henderson o Cedric Maxwell. En los Sixers acompañaron al Dr. J gigantes como Caldwell Jones, Andrew Toney, Bobby Jones, Darryl Dawkins, Moses Malone, Maurice Cheeks... En los listados de los mejores equipos que han pisado la NBA siempre, siempre, aparecen los Celtics de 1986 y los Sixers de 1983.
Campeones en 1976, los Celtics perdieron en 1977 después de siete partidos contra los Sixers y no se recuperaron hasta la trascendental llegada de Bird. Entre 1980 y 1985, estas dos franquicias se enfrentaron cuatro veces en playoffs y volvieron a dejar algunos de los momentos más icónicos de la historia del baloncesto: la final del Este de 1981 es una de las grandes eliminatorias de siempre, 4-3 para los Celtics en un choque de gigantes entre dos equipos que habían ganado 62 partidos (62-20) y en el que los Celtics levantaron un 1-3 con tres victorias en las que siempre remontaron desventajas de más de diez puntos y saldadas por un total de 5: 111-109, 98-100 y 91-90.
Un año después, el Garden vivió uno de los instantes que marcaron el deporte estadounidense de los años ochenta: los Celtics volvieron a convertir un 3-1 de los Sixers en 3-3 pero esta vez no pudieron plantar cara en el séptimo partido, en un Garden que se rindió en el último cuarto y rompió en gritos de “beat L.A.”. Derrotad a Los Ángeles: ya que ellos no podían llegar a la Final para combatir a sus odiados Lakers, ponían en manos de su enemigo del Este el trabajo. Así, con los angelinos a muchos kilómetros, nació un cántico que sigue siendo recurrente en todas las pistas donde juegan unos Lakers que, por cierto, ganaron aquella Final del 82 (2-4) con Magic Johnson como MVP.
Un año después, los Sixers ganaron su último anillo (1983) ante los propios Lakers, sin haber jugado contra los Celtics por el camino y tras hacerse con aquel Moses Malone que casi acierta su ‘fo, fo, fo’ (4-0, 4-0, 4-0): 12-1 en playoffs con una sola derrota, ante los Bucks. La bronca entre Julius Erving y Larry Bird en la final del Este del 85 (4-1 para los Celtics, que después perdieron con los Lakers), cerró el último capítulo legendario de una historia que vuelve ahora, en los tiempos de los Jays y de Embiid y Maxey, de los Celtics que hacen todo bien y los Sixers a los que les sale todo mal. Páginas nuevas para un duelo monumental, el que engendró algunas de las batallas más legendarias de la historia de los playoffs y en el que nació un cántico que nunca ha dejado de resonar en los huesos de la NBA: beat L.A., beat L.A…
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