NBA

1981: la final imposible, el tiro mágico de Bird, el reloj del MVP...

Los Rockets llegaron a las Finales de 1981 con balance perdedor y después de haber estado en el Este hasta 1980. Cedric Maxwell acabó siendo héroe imprevisto.

1981: la final imposible, el tiro mágico de Bird, el reloj del MVP...
Dick Raphael DIARIO AS

Después de 1981, las Finales de la NBA dejaron de ser emitidas en diferido, generalmente a continuación de los informativos locales. También después de ese año, el MVP de la serie por el anillo empezó a recibir un coche como premio. Cedric Maxwell, el inesperado héroe de aquellas Finales, solo se llevó un reloj no demasiado aparente y que él mismo tuvo que ir a recoger a Nueva York. Al menos, recuerda ahora, lo sigue teniendo de recuerdo, algo que no cree que hubiera pasado con el coche. Fue también el último año en el que se jugó un partido de la lucha por el título en sábado, el tercero. CBS colocó los duelos tercero y cuarto en back to back, sábado y domingo, para emitirlos en directo.

Después de 1981,una Final improbable por muchas razones, tampoco ha habido ningún equipo con balance perdedor en la Final. No ha vuelto a pasar. En 1959, los Celtics ganaron a Minneapolis Lakers la primera de siete Finales hasta 1969 (y la única antes del traslado a L.A.). Aquellos Lakers fueron los primeros en jugar una Final con récord perdedor, pero lo hicieron en una NBA con ocho equipos y solo tres con balance positivo. Los Rockets 1980-81 se colaron con un 40-42 absolutamente sorprendente, en una NBA ya con 23 franquicias y en un Oeste en el que los Suns habían sumado 57 victorias, los Lakers 54 y lo Spurs 52. Como los propios Rockets eliminaron a los dos últimos, la final de Conferencia fue ante unos Kansas City Kings que también llegaron desde un 40-42. En 1985 se fueron a Sacramento y sigue siendo el equipo que (desde 1951 en su caso) más tiempo lleva sin jugar unas Finales de la NBA.

Una Final perdida en el recuerdo

Las Finales de 1981 son un momento extraño en la legendaria década de los 80. No estaban por allí los Sixers, que perdieron las de 1980 y 1982 y ganaron las de 1983 antes de entregar definitivamente el mando del Este a los Celtics. Y no estaban los Lakers, que ganaron en 1980 y 1982 pero se estrellaron (con los Rockets, 1-2) en playoffs, consumidos por el mal ambiente entre Magic Johnson y un Paul Westhead empeñado en poner grilletes al Showtime que había conquistado el mundo en 1980... y lo seguiría conquistando el resto de la década, ya con Pat Riley a los mandos. Fueron unas Finales insólitas, imprevistas, extrañas. con el peor rating (6,7) de la historia hasta el descalabrado televisivo del Spurs-Nets de 2003 (6,5). Y fueron las del título 14 de los Celtics, 4-2 a unos Rockets que volvieron a perder 4-2 contra los mismos Celtics en 1986. Para entonces, la salida de Moses Malone con destino Philadelphia (donde fue campeón en 1983 con Julius Erving) les dejó en cueros y les permitió ser uno de los dos peores equipos de cara a los draft de 1983, y 1984, en los que eligieron a Ralph Sampson y Hakeem Olajuwon. Fueron los últimos de moneda al aire entre los dos peores de la temporada anterior. A partir de 1985 se estrenó el sistema de lotería, con Patrick Ewing enviado a Nueva York en el primer número 1 de este formato.

Pero en 1981 los Celtics parecían imbatibles si se trataba de jugar Finales. Lo eran: tras superar a los Rockets en seis partidos, colocaron un imponente 14-1 en luchas por el título. Solo habían perdido la de 1958, un año marcado por una crucial lesión de tobillo de Bill Russell. Aquel título del 81, además, encumbraba la nueva visión de Red Auerbach en los despachos. El gurú hizo campeón por la vía rápida a un equipo que ya no tenía a sus referentes de los dos títulos de los años 70: John Havlicek, Dave Cowens y JoJo White. En cambio, en 1979 Auerbach ya pudo contar con Larry Bird (número 6 en 1978 para asegurar sus derechos), al que convenció de que no tenía que jugar su último año universitario con un contrato rookie que era una monstruosidad en su tiempo: 3,25 millones por cinco años. En el verano de 1980, finalmente, Auerbach selló la operación que se denominó el robo del siglo: el 9 de junio envió dos primeras rondas de 1980 (serían Rickey Brown y Joe Barry Carroll) a los Warriors a cambio de Robert Parish y una primera que fue Kevin McHale. De una tacada y a costa de los Warriors, Auerbach se llevó a los dos jugadores que formarían un histórico big three con Bird. Uno de los mejores frontcourt de la historia de baloncesto.

El éxito inmediado bendijo, una vez más, a Auerbach. Con Bill Fitch (que luego se fue precisamente a los Rockets) en el banquillo, los Celtics ganaron 62 partidos y sortearon en playoffs a los Bulls de Artis Gilmore (4-0) y a unos Sixers a los que remontaron un 1-3 (algo que ya habían hecho en 1968) en una de las mejores series de playoffs de la historia: cinco partidos resueltos por dos puntos o menos. Y +5 total en los tres últimos para culminar la increíble remontada de los Celtics, que se verían después las caras con unos Rockets con los que nadie contaba, un equipo muy duro y liderado por el gigante Moses Malone, bien acompañado por Calvin Murphy, Robert Reid, Mike Dunleavy Sr, Rudy Tomjanovich...

En los doce enfrentamientos anteriores, los Rockets no habían sumado ni una sola victoria ante los Celtics: 12-0. Contaba el 4-0 de los playoffs de 1979... en el Este. Porque, otro dato que hacía improbable esa Final, en 1980 la llegada vía expansión de los Mavericks había enviado a Rockets y Spurs a la Midwest Division, en el Oeste. Y había mandado a cambio al Este a Chicago Bulls y Milwaukee Bucks, uno de los dos equipos (junto a Sixers y Celtics) que había firmado un excepcional 62-20 en la Regular Season 1980-81. Después de sorprender a Lakers y Spurs y de ser claramente mejores que los Kings, los Rockets dieron mucha más guerra de la prevista, tanto que tuvo que aparecer Cedric Maxwell, un buen jugador pero no un súper jugador, para inclinar la serie: 22,5 puntos y 11 rebotes de media con casi un 65% en tiros de campo entre los partidos tercero y sexto, y 17,7+9,5 en todas las Finales. Es, junto a Chauncey Billups, el único MVP de una lucha por el título que no está en el Hall of Fame cumpliendo ya los requisitos para entrar en él.

Larry Bird sufrió mucho en ataque, especialmente con el primer viaje de la serie a Houston, ante la tremenda defensa de un Reid que además produjo en ataque y fue uno de los responsables de que los Rockets tuvieran serias opciones de culminar su viaje imposible por los playoffs. Bird promedió 15,3 puntos, 15,3 rebotes, 7 asistencias y 2,3 robos. Pese a, todavía joven y muy exigido, malas noches en el tiro, fue fundamental, apareció para sentenciar en los minutos calientes del sexto partido y, sobre todo, cambió el tono del primero con una de las canastas más míticas de la historia de las Finales: un rebote de ataque tras un fallo suyo en suspensión para el que persiguió la bola desde que salió de sus manos, la cogió en el aire y dejó una bandeja en extensión sin tocar el suelo. Los Rockets habían dominado el primer partido y ganaban 84-87 cuando Bird hizo rugir al Garden y exclamar a Red Auerbach que había sido "una de las mejores acciones individuales que jamás había presenciado".

Duros y con confianza, aquellos Rockets ganaron el segundo partido, en el Garden, pero se estrellaron en el tercero, el primero en el Summit de Houston, tras una noche nefasta en el tiro: 71-94. Los Celtics robaron el factor cancha y dejaron a los texanos en la mejor anotación en un partido de las Finales desde que se había introducido el reloj de posesión en 1955. Después, los Jazz de Karl Malone y John Stockton se quedaron en 57 en el infame tercer partido de las Finales de 1998, contra los Bulls de Michael Jordan (96-54).

Con 2-2 y un clima de tensión que prometía emociones fuertes, los Rockets no ganaron más aunque en el sexto partido convirtieron un 64-87 en una desventaja de solo tres puntos. Allí, con la aparición definitiva de Bird, acabó un equipo que para muchos pagó el gusto del gigantesco Moses Malone (más de 22 puntos, 16 rebotes y 2 tapones por partido) por el trash talking. Antes del quinto (una paliza: 109-80) quiso presionar a su rival con un "los Celtics no son tan buenos" y un todavía más peligroso "podría venir aquí con cuatro tíos de Petersburg y ganar". Su anillo tuvo que esperar dos años, a 1983 y ya en Philadelphia (fue MVP de la Regular Season y la Final). Los Celtics agrandaron su leyenda: 14 anillos en 15 Finales entre 1957 y 1981. Y escribieron su primera página de gloria en una dorada década de los 80 que avanzaba hacia las colisiones eternas entre Larry Bird y Magic Johnson. Celtics vs Lakers: el gran puente hacia la explosión definitiva de la NBA.