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La feliz aparición de Nico Williams

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Estos dos partidos de la Selección dejan sensaciones equívocas. Mucho aburrimiento y una derrota en casa, pero también una victoria fuera y la clasificación para la final a cuatro de la Nations League. Es la segunda vez en tres ediciones que Luis Enrique mete a España entra las cuatro que alcanzan esa fase. Con él también fuimos semifinalistas de la Eurocopa. A la luz de los resultados merecería una mirada más indulgente por parte de sus detractores, que son muchos, pero es que el personaje no cae simpático ni lo pretende. Sus apariciones ante la prensa, que lo son por delegación ante todos los aficionados, están cargadas de desafíos infantiles.

No le pareció tan mal el partido contra Suiza, pero cambió a siete para Portugal. Elogió la defensa pero mandó a Eric Garcia a la grada y en su puesto se relevaron dos medios-centro. Durante meses hizo sorna con el debate de la portería para finalmente hacer lo que la opinión demandaba: consolidar a Unai Simón. A lo Clemente o a lo Mourinho, busca unir al grupo fabricando un enemigo exterior, recurso fácil, feo e innecesario. Son legión los entrenadores que unen al grupo por el ejercicio de su propia auctoritas, por su conocimiento y capacidad de persuasión. No hay que irse lejos, ni en el espacio ni en el tiempo, para encontrar buenos ejemplos.

Pero al fin y al cabo coge los ratones, así que pelillos a la mar. De este doble partido, además, queda otra cosa aparte de la clasificación, que ya sería bastante en sí. Queda la esperanzadora aparición de Nico Williams, que sirvió de revulsivo del ataque (qué mal han andado Ferran Torres y Sarabia en las alas) en ambos partidos. Su aparición contribuyó a la mejoría del equipo con su fútbol encarador, atrevido, veloz y con buenas elecciones finales. Su hermano Iñaki ha decidido que no le da para jugar con España y ha elegido Ghana, pero nos deja al benjamín para alegrar el ataque de un equipo que no anda sobrado por las bandas. Ha sido una aparición feliz.