Tomás Roncero

El Madrid es una feria

El Madrid sigue en caída libre. Arbeloa volvió a equivocarse con los cambios y un gol postrero de Bellerín desnudó las últimas opciones de los blancos en esta Liga. Se consuma un ‘annus horriblis’.

24/04/26 PARTIDO PRIMERA DIVISION 
BETIS - REAL MADRID 
GOL ANULADO KYLIAN MBAPPE 
TRISTEZA JUDE BELLINGHAM
JESUS ALVAREZ ORIHUELA
Tomás Roncero
Subdirector de Diario AS
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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Hasta las narices

Asistí en Villa del Río (Córdoba) a este nuevo capítulo de la pesadilla interminable en que se ha convertido el Madrid de Arbeloa en los últimos meses. Aquí estaba con 120 peñistas aferrados a una pantalla de televisión y a una ilusión tan efímera como este Madrid borroso y caduco que es incapaz de derrotar al peor Betis de la era Pellegrini hasta convertir el hasta ahora mítico minuto 93 de los blancos en un nuevo fiasco. Ni siquiera el gol de Vinicius, plagado de calidad en la definición, sirvió para que este proyecto destartalado, desnortado, errático y sin orgullo fuese capaz de alargar una Liga que ya la han puesto definitivamente en bandeja al Barça. Ese gol postrero de Bellerín resumió la necedad interminable de un equipo que se bate en retirada de forma sonrojante. Ya me dio mala espina el momento en el que Arbeloa decidió sacar a la pradera de La Cartuja a Camavinga y a Alaba. El francés es como la kriptonita de Superman y el austriaco está firmando sus últimos versos antes de abandonar el Madrid. Sin embargo, en el banquillo del ostracismo seguían dos canteranos con coraje y orgullo como Carvajal y Asencio. Arbeloa fue un canterano ejemplar, pero algún día me explicará qué tiene contra el capitán de las seis Champions y contra un chaval que se dejó su salud cuando lo necesitaba el equipo pero que ahora ve cómo un austriaco con la rodilla destrozada y cerca de la retirada está por delante del coraje madridista y la pasión innegociable que tiene el central grancanario. Lo peor es que el Madrid está acabando sin identidad por falta de referentes y eso se acaba pagando en un final tan triste y frustrante como el que se vivió ante el Betis de Pellegrini.

Raúl, el eterno capitán

En noches tan deprimentes como esta, me acuerdo del espíritu que tenía nuestro capitán eterno con el 7 a la espalda. Hablo, por supuesto, de Raúl González. Justo en un 24 de abril de 2010 fue capaz de meter un gol al Zaragoza en La Romareda pese a estar cojo al sufrir una lesión que luego le tuvo cuatro meses parado antes de irse a Alemania. Un gol heroico, lleno de orgullo madridista. Eso que ya no veo en este Madrid sin alma ni sentimiento. Me ha venido a la memoria cuando he visto a Mbappé irse en el minuto 80, imagino que seriamente lesionado. Pero fijo que le veremos en el Mundial con la camiseta de Francia. En mis tiempos, los jugadores del Madrid tenían que estar con el cuerpo fracturado para abandonar la batalla...

Y el arbitraje, como siempre

Todo lo dicho y criticado con rigor, como debe ser, no evitar que una vez más el arbitraje se ha empeñado en destrozar cualquier ilusión de los madridistas con decisiones que a la larga también condicionaron el resultado final. La falta de Antony, que agarra a Mendy en la última jugada, se ha pitado muchas veces, pero esta vez para variar no se sancionó. Lo que no admite ninguna duda es que el penalti por mano de Ricardo Rodríguez es tan grande como La Giralda porque la excusa arbitral del fuera de juego de Bellingham no cuela. No era offside y por lo tanto el VAR debió entrar para dejar claro que una mano abierta que evita un tiro a gol es penalti aquí y en el último pueblecito de Nueva Zelanda. El CTA parece que sigue anclado en la tenebrosa era del Negreirato...

Efemérides

Metiéndonos de nuevo en la máquina del tiempo, el 24 de abril nos deja una perla histórica para la afición blanca. Porque en este día de 1985 se consumó una gran remontada europea ante el Inter de Milán, que en la ida de las semifinales había tumbado a los nuestros en San Siro de forma concluyente (2-0). Recuerdo que esa noche en el Bernabéu disfruté como un enano con mis amigos y mi padre desde el famoso gallinero con los dos golazos de Santillana y uno de Míchel (3-0) que certificaron la eliminación de los nerazzurri. La otra cara de la moneda de este 24 de abril aconteció tres años después, en 1988. A pesar de que el Madrid de Beenhakker goleó con un set en blanco precisamente al Betis (6-0), lo que le permitía conquistar su tercera Liga consecutiva. Pero el Bernabéu estuvo frío y depre porque veníamos de caer eliminados de forma injustísima en las semifinales de la Copa de Europa ante el PSV Eindhoven. Un bajón emocional que me ha recordado mucho a lo vivido en el partido de anoche en La Cartuja.

Va por ellos

Pese al nuevo pinchazo, los madridistas de Villa del Río, el pueblo del mítico Matías Prats, se me abrazan y cantan nuestro himno dejándose la voz. Ellos SÍ que sienten el escudo con el corazón.

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