La negligencia permanente del Madrid
Por el empate en La Cartuja no va a perder la Liga, pero sí la oportunidad de reconciliarse al menos con su fútbol y con el mínimo compromiso demandable.


Aun con Lamine lesionado y una visita complicada del Barcelona al Getafe en el horizonte, el Madrid se dejó ir definitivamente de la Liga. Su informalidad durante todo el campeonato quedó expuesta también ante el Betis, pese a cuidar las formas de inicio. A un equipo que ha sido tan errático y poco serio parece que no se le puede pedir que lave su cara cuando la gloria está tan lejos. A este Madrid, al menos, no. Ha resuelto ser fiel a sí mismo todo el curso.
Con Tchouameni en casa y Ceballos liquidado por Arbeloa, Thiago Pitarch reapareció en un once que también contó con Mendy. Nadie sabe ya qué hubiera sido de la temporada del Madrid con Militao y el lateral francés en liza más tiempo, pero no hay duda de la importancia de ambos. Mendy es solvente en los duelos y atento en las cuestiones tácticas, aunque temerario en algunas acciones por su contradictorio carácter. El empate del Betis es una prueba de ello. Por su parte, Pitarch volvió a cometer alguna imprudencia, pero la suerte por ahora hace que esquive las consecuencias.
El Madrid compareció decidido y de manera responsable. Tuvo un comienzo provechoso, intenso en la presión, bien colocado y en sintonía ofensiva. A los lados y a la espalda de Amrabat hizo daño con Bellingham, Brahim y Mbappé. Vinicius se soltó en la izquierda, Trent dio profundidad en el otro costado y Valverde lideró la trama en la medular con su habitual despliegue físico.
Durante un rato, el Betis ni se enteró de qué iba la cosa. El equipo de Pellegrini se confundió por un exceso de verticalidad. Quiso vivir atrás y cerrar los pasillos interiores, pero nunca se conectó en ataque al insistir en buscar la profundidad sin que nadie mediara en el centro del campo. En las pocas ocasiones en que Fornals lo logró, al menos encontró salida por el perfil de Abde.
Pero al Madrid no le duran demasiado las buenas intenciones. Su fatídica perseverancia para dar facilidades defensivas espoleó al Betis y exigió a Lunin una actuación lucrativa para sus intereses personales. Nunca será Courtois, pero tampoco parece apropiado discutir su papel en la plantilla. El Betis construyó con más sentido sus posesiones, ganó juego interior con Isco y Lo Celso y sacudió por fuera a partir de Bellerín, Antony y Abde.
El Madrid se fue deshaciendo línea a línea. Entre errores de bulto a nivel individual y una cierta laxitud en las coberturas y organización sobre el campo, se empeñó casi por sí solo en firmar la enésima decepción de la temporada. Y eso que Camavinga entró con más oficio que de costumbre. Dio igual, el Madrid ya no está para nada. Por el empate en La Cartuja no va a perder la Liga, pero sí dejó escapar la oportunidad de reconciliarse al menos con su fútbol y mostrar el mínimo compromiso demandable.
Presión activa

El Madrid apretó bien los reinicios del Betis durante la primera parte; después, no. En la jugada del gol, Pitarch salta sobre Amrabat y provoca que Valles tenga luego que rifar el balón. Valverde gana la acción posterior.
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