Ante la mirada de Solares y Orta...
El esperpéntico partido ofrecido por los de Escribá imagino que sonrojaría al presidente pucelano.
Estuvieron los dos en el palco del Gran Canaria. Lo vieron en directo y, supongo, lo sufrirían en silencio. El esperpéntico partido ofrecido por los de Escribá imagino que sonrojaría al presidente pucelano y, por consiguiente, al director deportivo, padre de la criatura que vimos naufragar en el terreno de juego, otra vez.
La situación vivida ayer era como para que tanto Solares como Orta hubieran bajado al descanso y al final a pedir explicaciones al entrenador y a los futbolistas por semejante imagen dada ante Las Palmas. Cuarenta personas viajando en avión, dos noches de hotel, casi tres días en la isla, todo para hacer noventa minutos el ridículo en el terreno de juego. Escribá, los jugadores, Generelo, Sisi, el exgobernador de Jalisco, el utillero, los fisios, el analista, el entrenador de porteros, el preparador físico, el jefe de prensa, el médico… todo para afrontar el partido como si no se jugaran nada, no hay por donde cogerlo.
Y Escribá, renunciando a lucharlo y pensando solo en la bala del Zaragoza. Los jugadores entregados a la causa, sin dar la mas mínima muestra de preocupación por los tres puntos que había en juego. Ese fue el Real Valladolid de ayer con Solares y Orta presentes en el palco. Un Real Valladolid lamentable, una vez más, fuera de casa. No pasa nada vamos a ganar al Zaragoza y la temporada estará salvada.
¿Y si no se gana al Zaragoza? Y si espabilan los de abajo, ¿Nos acordaremos de los puntos tirados a la basura en Las Palmas? ¿De verdad, tan pocas esperanzas de poder arrancar algo en el Gran Canaria tenían todos como para dar la imagen que dieron? En una empresa al uso, no futbolística, ardería Troya y habría consecuencias. Aquí no pasará nada. Ganamos al Zaragoza y pelillos a la mar.
Y ahora le pediremos al aficionado que llene la grada y sea el jugador número doce. Y lo será porque la gente, mayoritariamente, irá al estadio a ver ganar a su equipo y a tratar de ayudarle para conseguir la permanencia. Pero el gran problema del Real Valladolid es que él mismo se ayuda muy poco y que si se termina por salvar será más por los deméritos de los demás que por sus propios aciertos.
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Con Orta asegurado en su cargo al cien por cien por Solares y con Escriba con contrato, la temporada próxima promete más de lo mismo. Además hay 27 contratos de jugadores ya firmados. Es decir, las bases están sentadas, pero tienen que cambiar muchas cosas en este club. El espíritu de que se tire un partido como el de ayer y no pase nada es el principio del fin. Hay que incrementar el nivel de exigencia, empezando por los presidentes Solares y Uruñuela, gente afable e integrada en la ciudad pero que tiene que abandonar el buenismo para empezar a pedir verdaderas responsabilidades y tomar medidas y obrar en consecuencia si el rendimiento necesario no se alcanza. La exigencia debe ser máxima. Solo así logrará el Real Valladolid salir de la espiral en la que Ronaldo, Espinar y Fenaert le metieron hace ya años y Solares y Uruñuela le siguen teniendo.
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