PATRICIA CAZÓN

Del Darth Vader al Cholo Padre

El hombre que, desde hace una década, año tras año trae la Champions. Queda más cerca. Y ese Metropol mirándole y un pensamiento a la vez.

Carrasco celebra el 1-0 al Madrid en el derbi.
JESUS ALVAREZ ORIHUELA
Patricia Cazón
Redactora
Patricia Cazón Trapote nació en Zotes del Páramo, León, en 1980. Licenciada en Periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca y Master de El País trabajó en El Diario de León y El País Semanal antes de llegar a AS en 2004. Cronista del Atlético desde 2016, es autora de cuatro libros y tertuliana en El Golazo de Gol y Estudio Estadio.
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Ahí estaba Darth Vader. Donde hubiera sucedido en el Metropol un pasillo que no se produjo (y nada pasa, pasó), caminaba éste bajo el himno a capella, con su máscara negra-traje-Cholo. Una guerra de las galaxias del fútbol iba a disputarse, un derbi de inicio ya condicionado. Un equipo (Atleti) se jugaba todo; el otro (Madrid) ya lo había ganado. La necesidad rojiblanca llenó la hierba desde el inicio, Carrasco como sable de luz, vertical y rapidísimo hacia Lunin.

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Hasta que Cunha caía en el área pisado por Vallejo, todo el dominio rojiblanco eran balones estrellados en las vallas tras Lunin. Pero Carrasco marcaba el penalti; la fuerza del lado rojiblanco. En la segunda parte compareció el Madrid, al menos. Porque si en la primera parte no estuvo, la falta de tensión ante ese equipo que se jugaba la vida, en la segunda salió de la caseta y se puso a jugar. También lo hacía Griezmann. Un Griezmann con nuevo look. El pelo corto y rapado, como el peinado en 2016, el año de la Eurocopa de Francia, los bleus finalistas, el año de los 32 goles en 54 partidos, su mejor año, aunque en 2018 fuera campeón del mundo. A ver si. Detrás de un corte de pelo hay un cambio vital. Y eso necesita. Un gol que arranque el tapón. Ese maldito gol. Un gol que buscó cuando el partido ya estaba abierto, igualado. Lo acarició por dos veces pero volvió a escurrirse, escaparse. Lo que sujetó fue ese clásico, las manoplas de Oblak, que se alzaron como semáforo en rojo evitando los mordiscos y el arrojo de campeón del Madrid, cuando las piernas rojiblancas eran de flan.

Cholo vivió los últimos minutos emocionado, sus brazos en molinilllo. El hombre que, desde hace una década, año tras año trae la Champions. Queda más cerca. Y ese Metropol mirándole con un pensamiento a la vez. “Tú eres mi padre”. Ese que se escabulló al túnel cuando sus futbolistas daban una vuelta de honor. El hombre de negro.

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