Islandia está entre la depresión y los escándalos

Una crisis dentro de los terrenos de juego. Si en el caso de Albania hablábamos de un equipo que estaba logrando acercarse de nuevo al nivel que mostró en la Eurocopa 2016, en el de Islandia tenemos que describir una decadencia absoluta que incluso ha roto los magníficos vínculos que se construyeron con la afición que les acompañó en aquel torneo disputado en Francia y en el que, no lo olvidemos, alcanzaron los cuartos de final tras eliminar a Inglaterra en un partido histórico. Los resultados deportivos empezaron a empeorar tras la eliminación en la fase de grupos del Mundial 2018, en el que el conjunto nórdico consiguió un remarcable empate ante la Argentina de Messi. La marcha del seleccionador Heimir Hallgrímsson, que fichó por el Al Arabi qatarí, inició el declive. El sueco Erik Hamrén no pudo igualar sus hazañas pese a que el nuevo sistema de clasificación para la Eurocopa 2020 daba muchas ventajas a los equipos que habían cosechado buenos resultados en el pasado inmediato. Tras su fracaso, la federación optó por intentar repetir la fórmula del éxito y apostar por un joven preparador local, Arnar Vidarsson. Su balance está siendo también muy discreto: el equipo acabó quinto en la fase previa del Mundial de Qatar, sólo por encima de Liechtenstein y superado por Armenia. Al menos, ha logrado que los escándalos extradeportivos no se lo lleven por delante. Que no es poca cosa.

Y otra crisis, mucho peor, fuera. En realidad, la desafección de la hinchada no se ha producido por la caída del nivel futbolístico, que era algo más o menos previsible. El distanciamiento de la gente ha llegado por las acusaciones de acoso y asalto sexual vertidas sobre diferentes jugadores de la selección, un asunto que la federación intentó tapar y que, al ser aireada por los medios con testimonios de las víctimas, provocó la dimisión del presidente Gudni Bergsson y de los quince miembros de su junta directiva. En estos momentos, las carreras de dos de los jugadores más importantes de la generación dorada, Gylfi Sigurdsson y Kolbeinn Sigthorsson, están congeladas tras los procesos que se abrieron contra ellos según la prensa islandesa. Ninguno de los dos juega un partido oficial desde hace más de medio año y, por supuesto, están apartados de la selección.

Un equipo joven para volver a empezar. Vidarsson está iniciando un proceso con muchas caras nuevas. De la convocatoria contra España, sólo tres jugadores tuvieron un papel importante en la Eurocopa 2016: Birkir Bjarnason, el centrocampista ex del Aston Villa que ahora juega en el Adana Demirspor turco, Arnór Traustason y Jón Dadi Bödvarsson. El resto son jóvenes que están aportando el relevo generacional. Los dos hijos de Gudjohnsen, Sveinn Aaron y Andri, que militan en el Elfsborg y en el Real Madrid Castilla, dan continuidad a la saga familiar. Ambos son delanteros. Los centrocampistas Albert Gudmundsson, del Genoa, y Arnór Sigurdsson, cedido por el CSKA de Moscú al Venecia, son los más interesantes desde un punto de vista técnico. El portero Rúnar Alex Rúnarsson firmó por el Arsenal tras destacar en el Dijon francés, aunque ahora milita en el Leuven belga a préstamo.