Todavía hay clases

El pasado octubre escribí que el Clásico de aquel día no despertaba en mí un gran entusiasmo. Pensaba que el Barça no era un rival del nivel del Madrid y que el club que mostraba un peligro real para el título era el Sevilla. Unos meses más tarde no estoy lejos de afirmar lo mismo. Salvo que el club andaluz ya no parece en capacidad de perturbar la supremacía merengue. Por supuesto que el encuentro de esta noche representa un interés para cualquier aficionado pero sea cual sea el resultado final no cambiará nada. No podrá impedir que el Madrid gane el trofeo nacional y no podrá permitir al Barça soñar con dicho trofeo.

Vinicius, una de las bazas ofensivas del Madrid.

Lo único que conseguirían los culés sería un argumento para su desmesurada campaña de comunicación sobre el renacimiento. Sería para vender la moto "xavisista". Algo que, desde el cinismo, se puede entender perfectamente. Recogiendo una vieja expresión española, diría que "todavía hay clases" y que el FC Barcelona no pertenece ahora a la clase dirigente del fútbol. Porque cuando el Madrid mira al Chelsea y a la Champions, el Barça finge ilusionarse con la Europa League, la segunda división continental. Porque cuando el Madrid tiene un límite salarial para su plantilla de 739 millones de euros, el Barça está en menos 144 millones. Porque cuando el Madrid sabe perfectamente hacia dónde va, el Barça da palos de ciego.