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Dinero sangriento en el fútbol

Arabia Saudí decapitó el pasado fin de semana a 81 presos con la espada del verdugo. Estaban acusados de terrorismo y también de “creencias herejes”. Digámoslo de otra manera. Los dueños del Newcastle, del Almería y de la Supercopa de España mataron el pasado fin de semana a 81 personas en condiciones “inhumanas” para la UE y en incompatible comportamiento con los Derechos Humanos para Amnistía Internacional. Sin embargo, el primer ministro británico, Boris Johnson, viajará en los próximos días a Riad para solicitar más petróleo y aliviar así la dependencia energética de la Rusia de Vladimir Putin. El mismo Gobierno británico ha intervenido el Chelsea para evitar que su propietario financie la invasión de Ucrania.

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La hipocresía y la incoherencia es casi inherente al negocio del fútbol europeo pero actualmente se encuentra en niveles escandalosos. Dio en el clavo el entrenador del Liverpool, Jürgen Klopp: "Todo el mundo sabe de dónde viene el dinero y lo aceptamos. ¿Se preguntaron los aficionados del Newcastle de dónde venía el dinero? Ahora nos damos cuenta y los vamos a castigar, pero no es culpa del Chelsea, es culpa de todos como sociedad". Resultó espeluznante ver las manifestaciones de jolgorio de los aficionados del Newcastle el pasado octubre cuando un príncipe saudí compró el club meses después de que se bautizara como revolución popular la oposición de los hinchas ingleses a la Superliga.

A muchos sorprendió que los madridistas tildaran de "millonarios" al PSG y vieran la victoria del Bernabéu como una especie de justicia poética del fútbol tradicional contra el dinero sucio. Esos sorprendidos olvidan que el Real Madrid o el FC Barcelona, propiedad de sus socios, tienen que acudir a los bancos o a proyectos como la Superliga para sobrevivir contra un petrofútbol amparado por la UEFA y la FIFA. Unos ya cambiaron Unicef por Qatar. Y no dudo de que la Superliga se podría jugar tranquilamente en Riad patrocinada por Fly Emirates. Pero todavía sigo sin entender la necesidad de la RFEF en acudir al dinero de los que decapitan para vender la Supercopa de España.