¿Dos meses cuánto es?

Dos meses es mucho tiempo. Ni se sabe cuánto tiempo es exactamente, la verdad. Yo ya vi pasar una semana entera en un solo día, cuando estaba en la universidad. Ocurría casi siempre los jueves, que podían empezar un martes y acabar un domingo, en un cuestionamiento rotundo de lo que se entiende por semana. Solo es un ejemplo. Esta condición sospechosa e inconmensurable del tiempo se la oí resumir mucho mejor a John Toshack, durante su etapa en el Madrid: "Los lunes siempre pienso en cambiar a diez jugadores, los martes a siete u ocho, los jueves a cuatro, el viernes a dos, y el sábado ya pienso que tienen que jugar los mismos cabrones". En una semana la alineación giró 360 grados.

Mbappé batiendo a Courtois el pasado martes.

Cualquier fracción de tiempo que tomemos —meses, horas, minutos— se puede hacer larguísima, es especial en fútbol, cuando entre partido y partido se abren abismos con mucho margen para lo inesperado. Digo esto porque al término de la primera fase de la Champions, coronada por aquel monumento a la belleza y la ridiculez que fue el primer sorteo de octavos, después anulado, el mundo era ligeramente distinto. Entremedias transcurrieron dos meses que implicaron cambios, una parte de ellos subterráneos, aún por manifestarse. De entrada, algunos equipos que en ese momento de la temporada estaban fuertes, empezaron a declinar vagamente, o a ser invadidos por la incertidumbre, algún mal resultado... Siempre ha habido dudas, por otra parte, sobre la posibilidad real de ganar competiciones en el mes de noviembre, por adelantado, digamos, cuando apenas ha quedado atrás el comienzo de todo, y restan el nudo y el desenlace.

Están también los equipos que en noviembre no se encontraban en su punto culminante de forma, y ahora, después de ir afinando los engranajes y enlazar unos cuantos buenos resultados, se sienten imbatibles. Y después de todo esto, quizá se dé la circunstancia de que entre el equipo que decayó en estos dos meses, y el que se puso finísimo, pase la eliminatoria el primero porque el fútbol es lo que es, y que no sabemos.