Los riesgos asumidos de Militao

No sé si al poeta y dramaturgo británico-estadounidense Thomas Stears Eliot le gustaba el fútbol, pero lo que escribió sobre el riesgo se adapta perfectamente a lo que suelen vivir los jugadores cuya zona de acción es la más peligrosa. Hablo por supuesto de los centrales, estos defensores que flirtean continuamente con los penaltis en contra, las tarjetas amarillas y las expulsiones. "Solamente los que arriesgan llegar demasiado lejos son los que descubren hasta dónde pueden llegar", explicó un día el escritor. Esa capacidad de arriesgar me parece una de las grandes virtudes del que es, sin ninguna duda, la más agradable sorpresa del Madrid de estos últimos años. Militao se ha convertido en un jugador imprescindible y, por qué no afirmarlo ya, en una referencia de cómo se defiende en el fútbol moderno, el fútbol rápido y dinámico de hoy en día.

Lo pudimos comprobar una vez más en Bilbao el pasado jueves. Encuentro cuya única satisfacción madridista fue la resistencia de la defensa frente a las vigorosas olas ofensivas vascas. Militao nos regaló algunas intervenciones en el área merengue de una precisión quirúrgica. Pensó y midió con una enorme velocidad. Arriesgó, pero ninguna sobrepasó el límite que hubiera desembocado en un penalti. Militao está hecho pero los partidos donde no hay que dudar ni temblar. Militao está hecho para el Real Madrid.