El Madrid supera su propia realidad
Fue una lección de tesón y personalidad, que no de juego, de un equipo que se agarra a la carrera por el título.


No por conocido deja de ser significativo. La aspiración de casi todos los equipos que se enfrentan al Madrid es cederle la iniciativa para neutralizar así su poderío en los contragolpes y retratar sus limitaciones en los ataques posicionales. Le tienen cogida la matrícula. Hasta el Celta de Giráldez, en una versión nunca vista, lo hizo de una manera flagrante, pero se encontró con una lección de tesón y personalidad, que no de juego, de un equipo que se agarra a la carrera por el título. Fue un golpe en la mesa contra su propia realidad.
Había asegurado Arbeloa que la escasa presencia de Brahim estaba en su debe. Visto lo visto, ahora queda en el del internacional marroquí. En situaciones delicadas como las del Madrid, suele pasar que el bueno parece el que juega menos, pero una vez tiene la oportunidad se evapora esa impresión. Era un partido que necesitaba del talento de Brahim en espacios reducidos. Su concurso resultó intrascendente.
El Madrid propuso y propuso ante un Celta que fue menos Celta que nunca. El retoque pragmático de Giráldez apagó a su equipo, pero también le ofreció una entereza defensiva que quedó dinamitada por su mala protección de la frontal del área. El Celta se aposentó en un bloque muy bajo, con línea de cinco, menos agresivo que de costumbre bajo la idea de bascular junto y cerrarse bien por dentro. Controladas las bandas del Madrid, sin acto de presencia de Vinicius, no sufrió y apenas concedió, pero la alternativa conservadora le falló cuando menos lo esperaba.
En comparación con otras ocasiones, tampoco le acompañó la finura de Borja Iglesias en la salida. A pesar del gol, el delantero entró en pérdidas con frecuencia e impidió que su equipo pudiera escapar en transición. Aun así, cada vez que el Celta logró conectar dos o tres pases puso contra las cuerdas al balance del Madrid. Williot sacó dos cuerpos a Trent al espacio libre y los pocos minutos de Iago Aspas fueron una amenaza constante.
En todo caso, el Madrid jugó para ganar, sin demasiados alardes. A partir de Tchouameni, sin el que no se entiende ya nada en cualesquiera de las fases del juego del equipo de Arbeloa, controló la escena. Al francés se sumaron el derroche de Valverde, la movilidad de Thiago Pitarch y las buenas irrupciones de Palacios y Manuel Ángel. Güler no agradó. Cuando el fútbol no alcanza, siempre queda el orgullo y el sentido patriótico. Nadie como un canterano para poner corazón cuando escasean las ideas.
Falta de costumbre

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Ocasión clara del Celta en la que Güler no reacciona en ningún momento. Williot está solo en zona de remate y el futbolista turco no acude nunca a su marca. No tiene interiorizada esa responsabilidad.
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