La antigua sucursal del Atlántico
Desde que Mouriño asumió la presidencia del Celta quiso implantar en Vigo el modelo culé. Era tal su fe en la fórmula cruyffista que el primer entrenador que fichó fue Stoichkov.


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En la Galicia rural los grandes bancos han ido cerrando sus oficinas. Donde antes había un local con empleados, ahora ha quedado un cajero automático. Son ajustes que se escudan en las turbulencias económicas. Una crisis también relacionada con las finanzas sacude en los últimos tiempos al Barcelona y la sucursal que tenía a orillas del Atlántico ha decidido desvincularse. Desde que Carlos Mouriño asumió la presidencia del Celta en 2006 quiso implantar en Vigo el modelo culé. Era tal su fe en la fórmula cruyffista que el primer entrenador que fichó fue Hristo Stoichkov.
Tras la locura del búlgaro llegaron apuestas más sensatas con ADN Barça. Eusebio y Luis Enrique se foguearon en las Rías Baixas antes de regresar a la Ciudad Condal. El último que quiso seguir ese camino fue Óscar García, pero el plan no le funcionó. En Balaídos no solo aterrizaron técnicos, también jugadores convencidos de que este equipo satélite era el escaparate ideal para terminar en el Camp Nou. Esa conexión, coincidiendo con la época de vacas flacas blaugrana, ha desaparecido. Mouriño se ha entregado al chachismo de Coudet y la antigua sucursal ejerce en la actualidad de consulado sudamericano.





