Noche feliz de Vinicius, Benzema y Camavinga

Sólo lo vieron 19.874 espectadores, por límites de la pandemia y las obras, pero guardarán para siempre el recuerdo. Una noche bonita, de regreso al Bernabéu, aún no renovado como se pretende, pero ya con detalles que sugieren su aspecto futuro; con homenaje bonito a Lorenzo Sanz, que recuperó para el Madrid la Copa de Europa y los derechos comerciales sobre los que el club monta hoy su fortaleza económica; con este Vinicius transformado en mucho más que una incierta promesa, apoyado por un Benzema consolidado como estrella mundial; y con el debut de Camavinga, que se presentó con un tanto.

Hubo siete goles en el festejo, distribuidos en ese 5-2 que, no sé por qué, desde niño me parece el resultado más bonito. La manita es la rotundidad de la goleada, pero un 5-0 o un 5-1 sugieren demasiado desequilibrio. En el 5-2 no pasa. Fue resultado fruto de un partido propio de otro tiempo, cuando la ciencia defensiva no estaba tan avanzada, el medio campo se transitaba sin obstrucciones y los defensas se batían incómodos ante delanteros que llegaban con ventaja. Y, todo hay que decirlo, tampoco los defensas estuvieron bien en su desempeño como tales. En el Celta fue más llamativo aún el contraste entre el buen ataque y la mala defensa.

La noche elevó el crédito de Vinicius un peldaño más. Ya podemos atrevernos a decir que además de desbordar finaliza con seriedad. Lleva 4 goles, cuando en toda LaLiga pasada hizo 3. Benzema le aventaja, con 5, es Pichichi, pero eso ya no sorprende: hace tiempo que rompió en delantero grande. Hazard empezó bien, pero se diluyó. Hoy por hoy queda lejos de ambos. Y un apunte más: Valverde ha pasado por delante de Isco y Asensio, a los que amenaza desde ahora también Camavinga, al que Ancelotti tuvo el acierto de sacar. Sabía que en el programa de festejos estaba ese debut y cumplió. Fue una noche digna del reencuentro con el solar sagrado.