El error indicado

Se encuentra el FC Barcelona en uno de esos momentos veraniegos que ofician como agujeros de gusano: la decisión tomada un tórrido martes de julio nos lleva a la primavera siguiente; y viceversa, en abril nos acordaremos del día de hoy. Un tropiezo en la planificación conllevará que unos tarugos alemanes puedan apear al Barça de la Champions, igual que varias decisiones pueden colocar al equipo blaugrana a las puertas de la final del torneo y del recuerdo eterno. Bueno, para esto sería necesaria también una conjunción astral.

Laporta, alma atrevida y singular, valiente como solo son los que tienen miedo al miedo, sabe que no puede acertar, tan solo averiguar cuál ha de ser el error a cometer. El Barça está tan cogido con hilos que solo puede ser salvado desde la valentía y un optimismo desaforado, impenitente, que asuma que va a perder algo importante en el camino. Se debe tanto dinero que más que un golpe de efecto como la lona de Madrid se necesita elegir qué debe sacrificar hoy para poder ganar mañana. Se acabó el clásico fichaje que se le roba el 31 de agosto al enemigo, en fenomenal quiebro del destino, porque el jugador fue culé desde niño y no da importancia al dinero.

Joan Laporta.

Se plantean trueques que de absurdos suenan razonables, fichajes que nunca se harían parecen convincentes. Si se intenta ser sensato se fracasará. Hay que inventar. Para eso Jan es un genio. Marcará la línea. No sabemos si con escoba, con látigo o con qué se logrará retirar lo sobrante, dejando a la plantilla en el hueso para competir con lo esencial. Supongo que con bisturí, aunque dan ganas de sacar la antorcha. Estamos en tiempo de hogueras y se dice que el fuego purifica. También se usa para retirar sanguijuelas. Y queda hacer una operación tan aparentemente desastrosa como la de Suárez. Lo mejor de todo es que posiblemente funcione. Antes de llenar un vaso, hay que vaciarlo. Aunque tenga el mejor licor del mundo: si está caliente, mejor no beberlo. Y pedir agua fría. Es gratis y es verano.