El maravilloso viaje de Joana

El maravilloso viaje de Joana Pastrana (el resultado era casi lo que menos importaba, pero se marchó con una exhibición) acabó en un maravilloso escenario. En lo que fue el templo del boxeo en Madrid. En el viejo Palacio de los Deportes se batieron Pepe Legrá, Urtain, Pedro Carrasco, Miguel Velázquez, Perico Fernández, Alfredo Evangelista o Poli Díaz. Los grandes. Y ella, tres veces campeona del mundo, no merecía menos. Porque Joana ha sido el rostro del boxeo en los últimos años, quien ha conseguido llevar al pugilismo, incluso, a la alfombra del Palacio de El Pardo para recibir el Premio Nacional de los Deportes, un reconocimiento que no había obtenido (injustamente) ningún boxeador.

La madrileña se va con el resquemor de no poder ganarse la vida en el ring. Pero con las alforjas llenas de vida. Dejó su puesto de camarera en San Sebastián de los Reyes para apostarlo todo. Álvaro Gil-Casares, un promotor joven y romántico que también abandonó un trabajo seguro para meterse en un mundillo difícil y a veces cainita, creyó en la pequeña bomba que siempre soñó en grande. Y con Nico González en la esquina (dinamita en los puños en su época de boxeador) formaron un equipo perfecto. Joana ha tenido aptitud y actitud. Ha llevado el boxeo a 'late shows', dominicales, revistas de moda... Ha acercado a muchas mujeres a los gimnasios y ha dado más de lo que ha obtenido a cambio. Millones de gracias, campeona. Mereció la pena.