Bochornoso final: se impone un cambio de arriba abajo

Punto final a una temporada terrible, sin duda una de las dos o tres más vergonzantes y definitorias de toda la historia del Real Zaragoza y que debería acelerar en los próximos días, sin más demora, un cambio accionarial que se viene gestando desde hace seis meses. El Leganés arrasó literalmente a un patético equipo aragonés y se perdieron por el camino la dignidad y los 200.000 euros de más que otorga la undécima posición, una clasificación que sólo hubiera ayudado a maquillar un curso calamitoso que ha tenido una terminación de bochorno.

Una hora y media antes del partido, un par de cientos de seguidores se manifestaron con una pancarta delante del palco de La Romareda pidiendo un nuevo Zaragoza, pero son miles, cientos de miles, los que lo esperan sin levantar la voz. Los actuales propietarios rescataron al club de su desaparición hace siete años, pero su proyecto no tiene ya más recorrido y se impone un cambio absoluto, de arriba abajo, que devuelva la ilusión a una de las aficiones mejores y más numerosas del fútbol español, a un club con nueve décadas de historia y nueve títulos en sus vitrinas, que está perdiendo prestigio a jirones. No se trata de traspasar a toda prisa las acciones a ningún aventurero o a ningún estafador de los que están en la mente de todos, pero sí de darle velocidad y cauce a una nueva propiedad que ponga fin a esta incapacidad y que devuelva de inmediato al Real Zaragoza a la Primera División. Así no se puede seguir ni un día más.