Hay futuro, hasta que la NBA quiera

Cuando todavía retumbaban los ecos del Clásico de fútbol, llegó el turno del Clásico de baloncesto, que también brindó grandes emociones. No había tanto en juego desde la perspectiva de la clasificación. El Barça aún podía aspirar al liderato de la liga regular, que el Real Madrid ha dejado prácticamente atado, pero ese factor cancha tampoco resulta determinante en una temporada sin público. Lo que había en juego iba mucho más allá de una posición en la tabla, porque un Clásico siempre es un Clásico, te enfrentes al fútbol, al basket o a las chapas. El atractivo añadido era la presencia de Pau Gasol en el salto inicial 20 años después, pero a la hora de la verdad resultó más anecdótica que otra cosa. Gasol no anotó en nueve minutos en pista. Más que del pasado, en el duelo ACB de este domingo se habló del futuro.

El Madrid puso el broche a una agitada semana con una victoria de orgullo. En estos últimos días ha tenido que viajar a Estambul para jugarse el pase a los playoffs de la Euroliga ante el Fenerbahçe; ha conocido a su rival de cuartos, el temible Efes; se ha despedido de Gabriel Deck, que se ha marchado a Oklahoma en pleno curso; y ha anunciado o ha deslizado los fichajes de Vicent Poirier y Pierria Henry. Mientras tanto, el Barça navegaba en aguas tranquilas, con 19 triunfos consecutivos en competiciones ACB; con el liderato asegurado en el torneo europeo, y con un ilusionante debut de su ídolo Gasol. Los últimos antecedentes también presagiaban el dominio azulgrana. Pero no fue así. El Madrid sacó la casta que siempre ha distinguido a los equipos de Pablo Laso, también a su historia, y se llevó la victoria, porque creyó más en ella. Así lo reconoció el propio Saras Jasikevicius: “No hemos merecido el triunfo, el Madrid ha tenido más ganas”. Una clave de ese éxito fue el rendimiento de dos jóvenes. A falta de Deck, se salieron Tristan Vukcevic y Usman Garuba. Hay porvenir. Como mínimo, hasta que quiera la NBA.