TOMÁS RONCERO

Las lágrimas de Carvajal y de Lukita

A Luka Modric le une con Dani Carvajal un cordón umbilical que los vincula definitivamente con el sentimiento madridista.

Las lágrimas de Carvajal y de Lukita
DIARIO AS
Tomás Roncero
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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El pasado 14 de febrero, Dani Carvajal acabó entre lágrimas y con el corazón del orgullo destrozado. En el día de su reaparición tras varias semanas de baja, de nuevo su musculatura se resquebrajó y 26 minutos después de disfrutar del gran amor de su vida aparte de su familia, el Real Madrid, tuvo que parar en seco y pedir el cambio. Me cuentan que en el vestuario su desconsuelo llegaba al alma. Carva es un peleón, un Camacho del siglo XXI, un jabato con botas que puso junto a Di Stéfano la primera piedra de Valdebebas y que se deja el alma y su salud en cada partido con su Madrid. No especula, no regula, no dosifica, no mira su ombligo, no hace un Bale... Por eso, Zidane le está esperando a pesar de que, por suerte, el gran Lucas Vázquez ha hecho de Carvajal como si hubiera nacido para ese puesto. Dani, te esperamos, campeón.

El caso de Modric tiene una raíz menos genética y geográfica (Luka llegó al Madrid con 26 años y es de Zadar, no de Leganés). Pero al 10 blanco le asocia con el canterano un cordón umbilical que los une definitivamente con el sentimiento madridista. Modric nos hizo llorar a todos en la noche del sábado. Sus lágrimas en el precioso homenaje que le hizo la Federación de Croacia tras batir el récord de internacionalidades (135) reflejan su lado humano, tan grande como su perfil futbolístico. Esa sencillez de Luka en todo lo que hace lo convierte en una leyenda a los ojos del madridismo militante, que ya lo quiere y adora como si hubiese nacido junto al Bernabéu. Y ha renovado por un año y aceptando la rebaja pandémica. Así, seguirá aquí hasta los 40 años si quiere. Se lo ha ganado con creces. ¡Cómo no te voy a querer!

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