El segundo guiño de Messi a Koeman

El 27 de diciembre, Messi le dijo a Évole en la esperada (aunque algo incompleta) entrevista al argentino que Koeman había sido un "gran acierto". Un guiño en un momento de dudas, con el Barça estrellándose por todas las esquinas y dos días antes de empatar ridículamente contra el Eibar. "Ha puesto seriedad", insistió el diez, que rara vez había hablado en términos elogiosos de un técnico mientras estuviese a sus órdenes. Koeman y Messi mantienen las distancias pero se respetan como se pudo comprobar con un segundo guiño en Los Cármenes. El holandés le hizo el gesto del cambio y este dio el visto bueno. El Barça ya ganaba 0-4 y sólo faltaban 25 minutos. No es una hazaña cambiar en esas condiciones a Messi, pero también hay que saber tocar la tecla. A Setién eso ni se le podía pasar por la cabeza. Messi llevaba tres años sin ser sustituido por un motivo deportivo. Fue Valverde, con quien también cosió buena relación.

En una semana, Messi ha disparado al Barça. Primero, su pase al 'nuevo' De Jong en Huesca. Luego, su doblete en la noche mágica de San Mamés con Pedri. Y finalmente, su conexión con Griezmann en Granada. Nuevos socios, nuevo Barça. Messi, además, se había abandonado en los partidos fuera de casa en todo 2020. Y justamente cuando se iba el año, en el partido de Zorrilla, se conectó con Pedri y se cogió feliz el avión a Argentina.

El Barça tiene demasiadas carencias y ha perdido demasiado terreno como para anunciar que va a hacer grandes cosas este año. Sin Piqué, y con Lenglet y Umtiti lejos de sus momentos de esplendor, la defensa tiembla. Pero Koeman está encajando cosas. En Dest ha encontrado un lateral pujante y con piernas. No brillante, pero sí valiente. Ha recuperado a los tres centrocampistas y los ha escalonado. Busquets controla, Pedri hace mover el engranaje y De Jong ha sido empujado descaradamente al área por un entrenador que no soportaba esa versión burocrática. De Jong entusiasmó a Europa con su fútbol en el Ajax y está obligado a justificar 86 millones.

Por aparecer, asoma hasta Griezmann. Paradójicamente, partiendo desde la izquierda, esa posición a la que había cogido alergia. El fútbol, sin embargo, tiene estas cosas. Con tres o cuatro remiendos, un trapo roto se vuelve irrompible. Sobre todo, si Messi vuelve a montarse en el cohete y empieza a ganar partidos como en los viejos y buenos tiempos. Días de cierta ilusión en el Barça.