Hamilton es el mejor de todos los tiempos

Lewis Hamilton ya es el mejor piloto de Fórmula 1 de todos los tiempos con los números sobre el tapete. El domingo dio el salto que le faltaba al empatar a siete títulos mundiales con Michael Schumacher. Además lo hizo con una exhibición de pilotaje, en las peores condiciones, para acallar a aquellos, todavía muchos, que reducen su valía a un coche. Allí donde el agua iguala a los contendientes, Hamilton volvió a ser el mejor. Una vez más. No necesitaba ganar para conquistar otro Mundial, pero lo hizo. “Mi padre me dice que hay que hablar en la pista, y eso hago”, apuntó luego el británico. Y ahí, en la pista, antes de alcanzar el Séptimo, Hamilton ya había devorado los récords de victorias (93), poles (97) y podios (162), con menos grandes premios disputados que Schumacher, su rival por el número uno de la F1: 264 frente a 308. Mientras continúan los debates, siempre subjetivos, sobre si otros pilotos con menos palmarés son o han sido mejores que él, el inglés avanza con firme pisada hacia un objetivo superior. Hamilton integra el club de los grandes deportistas de la Historia.

Hamilton debería recibir por ello, igual que Schumacher en 2007, el Premio Princesa de Asturias, que además de calibrar el mérito deportivo, también recompensa la proyección internacional, la superación personal y los valores sociales. “Hay una victoria más grande incluso que el título mundial, empujar por la diversidad”, dijo el heptacampeón tras su nueva coronación. Su activismo es conocido. El premio tendría igualmente una carga simbólica, porque se entrega en Oviedo, la otra casa de Fernando Alonso. Quizá también de reconciliatorio, me gusta pensar ingenuamente. Desde el domingo no he parado de leer las cansinas comparaciones entre ambos de toda la vida. Como si fuera incompatible reconocer la grandeza de Hamilton y, al mismo tiempo, la calidad de Alonso.