TOMÁS RONCERO

Karim arranca como terminó

Benzema sabe que está solo. No podemos fiarnos de Jovic ni de Mariano. Pero a sus casi 33 años demuestra una madurez y un compromiso con el equipo que me parecen admirables.

Tomás Roncero
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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Benzema arrancó la temporada como la finalizó, de dulce. En el Etihad fue el único que alimentó algo las esperanzas de los madridistas con su gol al City de Guardiola y en el primer y único bolo de pretemporada se despachó con un póker ante el Getafe de mi admirado Bordalás. Cierto que el rival salió con muchos suplentes y que el partido era sólo un test de entrenamiento, como ha definido privadamente al simulacro de amistoso el propio Zidane. Pero hay que valorar el compromiso de Karim hasta en citas de poca enjundia como ha sido la de este martes en el Di Stéfano de Valdebebas. Benzema sabe que está solo. No podemos fiarnos de Jovic ni de Mariano. Pero a sus casi 33 años demuestra una madurez y un compromiso con el equipo que me parecen admirables.

Lo que no me parece tan loable es la actitud de Zidane con este presunto amistoso. Entiendo su clave de entrenador para quitarle importante a una simple prueba de pretemporada y que prefiriese darle la relevancia mínima ante un posible descalabro (el 7-3 de Nueva Jersey le hizo mucho daño). Pero Zizou se ha olvidado por un día de los aficionados. Después de casi 40 días sin poder ver y disfrutar a su equipo por una pretemporada tan atípica por culpa del coronavirus, el francés debería haber abierto las puertas al campo para que entrasen las cámaras de televisión y que, al menos los madridistas, pudiésemos ver a nuestros héroes después de tantos días sin saber nada de ellos. Zidane se debe también a los millones de seguidores y de fieles que tiene este club. Los entrenadores tienden a creer que su mundo es lo más importante, olvidándose de que la pasión y el sentimiento es lo que realmente permite justificar este maravilloso invento. Zizou, no lo vuelvas a hacer, por favor.

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