El icono de Cazorla y el delantero que viene

La causa de perder

Se acostumbra a asociar la derrota con la falta de intensidad, piernas y ganas. Es un mantra repetido, aunque casi siempre inexacto. Al Valencia le pasó por encima el partido contra el Villarreal como le había ocurrido antes frente al Eibar. La imagen de la parálisis de Soler o el desorden entre Florenzi y Gabriel en el gol de Alcácer parecen denunciar cierta indolencia y coinciden con la opinión generalizada de déficit de actitud, pero el problema fue mayor. El equipo de Celades perdió porque perdió el centro del campo y quedó a merced de su propia inestabilidad defensiva. El Villarreal se impuso en la medular con y sin balón. Sus centrocampistas sumaron 130 pases, ocho recuperaciones y tres anticipaciones más. Cazorla se instauró como el núcleo principal por el que pasó todo el juego amarillo. Sublime en la asociación (86 entregas buenas) y esforzado (diez robos), fue el icono de la filosofía identificable del equipo de Calleja, el punto de partida que requiere el Valencia para reconducir su futuro.

El mal de las áreas

Al Leganés le queda poco tiempo. Su comprometida situación clasificatoria se agudizó con un nuevo tropiezo ante Osasuna. Como en otros tantos encuentros resultó inmerecido. El Leganés hace muchas cosas bien, pero se desvanece por su limitada competitividad en las áreas. Es al equipo que más le cuesta hacer un gol (uno cada 15 remates) y al que menos necesitan intimidar los rivales para marcarle (un tanto encajado cada seis disparos). Es tan definitorio que sea el tercer equipo al que menos disparan de la competición, por detrás de Getafe y Madrid, como que sea el que peor porcentaje de conversión presenta en las grandes ocasiones de gol. En este último parámetro apenas alcanza el 25,5% de acierto. El Eibar, adversario evidente en la lucha por la permanencia, tiene un 53,6% de precisión.

Tristeza del Leganés /Oskar Montero

La escalada

Se beneficia el Eibar de la ausencia de reacción de los tres de abajo, pero sobre todo de su mejoría incuestionable tras el confinamiento. Dos victorias consecutivas alejan el peligro y ponen en valor el compromiso fiel a una propuesta que esta temporada le había acarreado más inseguridades que certezas. En Granada ofició como bloque, se manejó con jerarquía y fue valiente. El juego de espaldas de Kike García y los desmarques en los intervalos libres de Orellana, una pérdida de difícil reparación para el próximo curso, originaron su superioridad ofensiva. El triunfo oxigena su posición y avala, una vez más, la dirección de Mendilibar.

Presente y futuro

Otro entrenador que carece del reconocimiento que merece es Sergio González. El éxito del Valladolid, un equipo claramente de autor, elogia la preparación táctica de un técnico concienzudo y eficaz. En el Pizjuán su planteamiento enredó al Sevilla y bordeó una victoria que nunca hubiese sido injusta. En el análisis destacó la buena puesta en escena de Miguel de la Fuente como titular. El canterano alimentó la fama de buen delantero que se ha ganado en las categorías inferiores del Valladolid. En un contexto áspero no se achicó ante Koundé o Diego Carlos. Debió afrontar hasta 20 duelos áreos, muchos en desventaja, y ganó la mitad. Sobre Koundé aplicó sus virtudes y plasmó su habilidad para moverse en una jugada en el minuto 34. Hervías se escapó por la banda derecha y él amagó con ofrecerse en el segundo palo para después atacar el corazón del área. El centro no fue bueno, pero el canterano dejó su sello. De la Fuente tiene buena planta, dinamismo e intuición.