El fútbol remolca al baloncesto

Este domingo, 31 de mayo, era la fecha límite marcada por la ACB para anunciar si retomaba la Liga Endesa o echaba el cierre a la temporada. No fue necesario apurar el plazo, porque el pasado miércoles ya comunicó la celebración en Valencia de una fase final con 12 equipos, del 17 al 30 de junio. La noticia ha tenido detractores. Entre las críticas ha alzado la voz un campeón del mundo, Pierre Oriola, igual que días antes lo había hecho su compañero Álex Abrines. También ha habido opiniones de peso en dirección contraria, como la de Fernando San Emeterio. Que había cierto descontento ya se intuía con la filtración de una encuesta de la ABP, en la que dos tercios de los jugadores se oponían al regreso a la cancha. Si bien los datos no se confirmaron oficialmente, Abrines se encargó de aclarar que el porcentaje se aproximaba mucho a ese sentir general, al menos en la plantilla azulgrana. Curiosamente, ese rechazo era bastante mayor en el Barcelona y el Real Madrid, dos poderosos clubes que manejan altísimos presupuestos, en torno a 40 millones de euros, gracias a que el fútbol puede cubrir ese agujero. Antes de la pandemia, Barça y Madrid habían previsto unas pérdidas de 32 y 28 millones, respectivamente. Ahora lo serán mayores, lo que no es óbice para que ya se anuncien fichajes cósmicos como el de Nick Calathes.

El miedo es libre. También el derecho a manifestar esa preocupación. La competición alberga riesgos de contagios, de lesiones, de problemas mentales… Y la prioridad absoluta debe ser salvaguardar la integridad física. En el baloncesto y en otros empleos que ya han regresado o que nunca han parado. Entre ellos el fútbol, que sostiene a los grandes de la ACB. La dependencia es tan elevada, que incluso los recortes pactados en el Madrid iban a ser el doble si LaLiga no retornaba. El fútbol va a volver. Y el basket habrá de hacerlo a su estela. Como mínimo, por coherencia.