Semifinales sin el Madrid ni el Barça

La caída del Madrid y el Barça de la Copa ha enfriado el entusiasmo de algunos con la nueva fórmula. O no tan nueva: ya se utilizó a principio de siglo, por Villar, durante algunos años hasta que se desechó. A ello contribuyó que un año llegaran a la final, con todo el mérito, Mallorca y Recreativo. Final que se jugó en Elche. Parecía que la Copa perdía demasiado ‘glamour’ con el sistema y de ahí que, con presión televisiva, se descartara hasta que Rubiales la recuperó. A mí me sigue gustando, aun sin Madrid y Barça, y me sumo a los argumentos que expuso en este mismo periódico Áxel Torres. Este modelo derrocha emociones.

En cuanto al Madrid y el Barça, cayeron por razones distintas. El Barça no lo mereció, simplemente eso. Perdió un partido que manejó mejor, por un gol de muy última hora. Le contrarió, porque se ha aficionado a esta competición y hubiera tenido un camino fácil hacia el título. En el Madrid, por jugar en casa, Zidane se confió demasiado. Una alineación así no la sacaría en LaLiga salvo necesidad por partido dramático de Champions a la vuelta de tres días. No quería tirar la Copa, seguro, pero puso menos carne en el asador, según uso histórico del club, que a esta competición siempre dedicó menos desvelos que a las otras dos.

Pero encabezan LaLiga, como suelen, así que los árabes pueden estar tranquilos con su Supercopa. También faltan Atlético, Sevilla y Valencia, pero los que están no merecen ningún desprecio y representan lo que este modelo de Copa propone: abrir el fútbol a la sorpresa, tanto más necesaria ahora que LaLiga ha caído en la monotonía escocesa de o el Madrid o el Barça. De los cuatro que quedan, Athletic, Granada, Real Sociedad y Mirandés, saldrá una buena final y un campeón que hoy ya no podría serlo de LaLiga, pero que encarnará la ilusión de todos de poder ganar un gran título nacional, ahora que el otro se ha quedado para dos.