El Barça se equivoca de partido

Demasiado lejos para jugar en silencio. El Barça parece un equipo hecho para jugar en silencio; las tierras árabes son propicias para esa actitud, y este jueves Messi fue el callado durante toda la primera parte. Hasta que llegó el descanso y se enfrentó a João Félix, que en el Atlético de Madrid representa el que algún día será su continuador, quién sabe. Messi no es un jugador indolente, es capaz de romper el silencio y lo que generó en esa jugada ya inútil fue un aviso para el que nadie le pidió el grito. Lo que es cierto es que ese no fue un momento inane: el Barça empezó el partido como si estuviera cansado de sí mismo, y fue Messi el que generó fútbol. Él asistió a los suyos con una voluntad que a veces se vistió de rojo y oro, y preparó al Barça para quitar al partido esa horrible sensación de entrenamiento con que había comenzado. Estaban demasiado lejos para jugar en silencio, y el as del equipo quiso despertarse del todo.

Una copa de más. El Barça y el Atlético de Madrid empezaron pensando en otra cosa. Simeone parecía hecho para arrollar al Barça, pero la verdad es que esa virtud le duró un suspiro. Durante demasiados minutos el Atlético le dejó el campo a los azulgrana, como si estuvieran jugando a regalar espacios para completar un encuentro que comenzaba a ser azulgrana. El bendito pie izquierdo de Messi fue superado reiteradamente por el VAR, y después lo que ocurrió fue ese desastre que dejó al as azulgrana, terminado el partido, fané y descangayado. No es el Barça. Un equipo mal armado atrás. Y aunque la delantera se rehízo varias veces para demostrar a los atléticos que donde hubo todavía queda, reiterados fallos de Umtiti y de Piqué hicieron de lo que tenía trazas de ser un triunfo suave una horrible demostración de que el Barça que viajó a territorio árabe es el mismo que le regaló al Espanyol una defensa inútil.

El único y el mejor. El único del Barça fue Messi, asistido por Luis Suárez. Nada se puede decir del resto de la plantilla, ni siquiera del entrenador, que mantuvo la defensa envejecida de las últimas semanas. Piqué marcó un gol y luego lo desmintió, haciendo un penalti que configura su actuación como desastrosa. Neto sólo tiene un mérito, un apellido que pone de manifiesto su limpieza; pero con buenas jugadas sin importancia combinó una nostalgia radical del lesionado Ter Stegen. Es posible que esta derrota en el país del silencio sea una lección para todos. Una lección suele ser también una vergüenza, y esa es la sensación que produjo Messi cuando, después de un esfuerzo notable, vagó triste y silencioso por el campo de la derrota.