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Todos 'carvajales', menos uno

El Real Madrid abandonó en Mendizorroza los lujos que entusiasmaron contra el París Saint Germain y eligió la ética laboriosa para derrotar al Alavés, equipo con una mayoría de jugadores limitados, pero con un compromiso colectivo irreprochable. Las condiciones invernales del día, que en Vitoria siempre resultan un poco más agudas, terminaron por convertir la mañana en un partido para carvajales. Desde esta perspectiva, el Real Madrid estuvo irreprochable. Todos jugaron con la máxima profesionalidad y esfuerzo. Todos, menos uno.

Gareth Bale tachó Mendizorroza del calendario. Hizo algo muy frecuente desde que llegó al fútbol español: elegir los partidos que le gustan y los que le disgustan. Por ahí empiezan los reproches de los aficionados al jugador gales, que costó 100 millones de euros y ha logrado que algunos sectores mediáticos le justifiquen con un argumento peregrino: campos como Mendizorroza y rivales como el Alavés no son los adecuados para Bale. Cuando un jugador vale 100 millones de euros, todos los campos son adecuados a su esfuerzo y talento.

No hubo noticias de Bale en Vitoria. Se disipó tan pronto que el cambio estaba cantado. A su alrededor, el resto del equipo se batió con energía frente a un rival hermético, de líneas prietas y con algún recurso ofensivo. Joselu mantuvo un intenso duelo con Sergio Ramos y Militao en el juego aérea, Lucas Pérez dio algunas señales de su astucia y Aleix Vidal aprovechó su velocidad para atacar a la espalda de Marcelo, oficialmente lateral, oficiosamente mediocampista o delantero.

Carvajal celebró con rabia su gol en Mendirozorroza que supuso el 1-2 madridista en Vitoria.

Ambición. Ningún jugador del Madrid ofreció una actuación memorable, pero rayaron en una buena versión. Marcaron dos defensas, y eso dice algo del encuentro y de la ambición de un equipo que no hace tanto transitaba por la melancolía. Militao comenzó con problemas, pero se afirmó pronto. Casemiro disfrutó de su condición de escoba radical y Kroos volvió a funcionar con la autoridad que le ha devuelto a sus mejores años como futbolista. Benzema se empleó con energía y acierto, igual que Isco, rejuvenecido y agresivo. Ha salido de galeras y reclama la atención del entrenador.

Si algo deslizó el partido fue el grado de vigor y cohesión que preside el juego del Real Madrid. Durante demasiado tiempo ha sido un conjunto disjunto, una suma de individualidades sin un aparente propósito común. Así es casi imposible ganar la Liga. Se necesita energía, rendimiento cotidiano, solidaridad, buen rollo y excelentes jugadores. Desde hace unas semanas, el Madrid cumple con todas estas condiciones. Es otro equipo, uno que ha entrado definitivamente en el carril del campeonato. Nada hace pensar en un descarrilamiento. Al contrario, circula a toda máquina.