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La final, un simulacro muy 'kitsch'

El simulacro. La final ante el Getafe fue un simulacro. LaLiga es larga y quedan puntos, el Espanyol empató en la mejor entrada del curso (solo 22.031 espectadores) y el equipo evidenció que ya actúa con el modo superviviencia. No tuvo demasiado estilo, estuvo nervioso, pero sacó al menos ese orgullo para igualar a un Getafe que, llueva, nieve o haga calor, esté en la zona alta en las profundidades, juegue en Europa o no, siempre compite con claridad. El Espanyol tiene tantos problemas en su plantilla, estructurales y de juego, que pensar en sumar 42 puntos ahora se antoja una quimera si no se solucionan primero esas carencias.

Un tiro en el pie. La situación del Espanyol no era ya tan peliaguda, a seis de la salvación y con un duro calendario para finalizar la primera vuelta, que el equipo de Machín quiso aún darle una vuelta de tuerca más. A los dos minutos, Mata, quién si no, le endosó el 0-1 en otro despiste defensivo. Calero salió de nuevo en la fotografía. Su banda, defendida por él y Pedrosa, fue la más endeble de un Espanyol desajustado en la primera mitad, que no cogió ni un rechace, ni pudo salir con facilidad de la presión azulona. Mientras el Getafe se movió en el campo con precisión matemática, los blanquiazules era un verso sin métrica ni rima.

Lesión argentina. Más allá del 3-5-2, 3-4-2-1 o cualquier ecuación, el Espanyol es ahora un equipo nervioso y sin confianza, y eso condiciona cualquier acción. Los jugadores siguen tensionados por la situación, por disputar finales en noviembre y porque para salir de la espiral de desgracias que les ha abocado a la zona de descenso hacen falta superar muchas barreras psicológicas. Una de ellas son las lesiones, un quebradero de cabeza que supera la normalidad. Ferreyra, Calleri, Piatti y Vargas, quien apenas permaneció tres minutos en el campo hasta que se cayó al suelo en la primera acción en la que intervino. Otro problema más, no todo fruto del infortunio.

Supervivencia. No se le pudo negar al Espanyol su coraje, en especial en una segunda mitad que si se jugó como si de una final se tratase, con una grada colérica con el colegiado en un encuentro difícil de arbitrar por el estilo del Getafe y las urgencias pericas. Las mejores campañas de comunicación siempre la transmite el equipo, y el mensaje que dieron ayer los jugadores fue de que el equipo se ha puesto en modo supervivencia, donde lo que importa es ganar cada jugada como si fuera una trinchera.

Final kitsch. La grada respondió con la mejor entrada de la temporada, aunque que 22.000 espectadores sea ese récord habla cada vez peor de como se han dilapidado rápidamente las ilusiones de mayo. El partido sirvió para ver el estreno de Soni, a quien le tocó jugar en esta final anticipada cuando el Espanyol empezó el curso con Puado, Campuzano, Wu Lei, Calleri, Farreyra y Vargas. Ahora, un cedido, cuatro lesionados y el jugador del filial como única referencia. La delantera del final del encuentro, Lei-Soni, podríamos definirla como Kitsch.