TOMÁS RONCERO

La templada admiración por Toni Kroos

Toni Kroos controla el balón durante el partido de fase de clasificación para la Eurocopa 2020 entre Alemania y Bielorrusia.
Alexander Hassenstein
Tomás Roncero
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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El pasado sábado, zapeando, me dio por detenerme en ver por la pequeña pantalla el Alemania-Bielorrusia. Tenía dos motivos que me focalizaban en ese partido teóricamente intrascendente: la actuación de Kroos y las prestaciones de Neuer, cuestionado públicamente por su compañero Ter Stegen en ese pugilato simbólico por ocupar el trono de la portería de la Mannschaft. Me acompañaba mi hijo, felizmente incorporado al fútbol global gracias a la Play. Él, gracias a ese conocimiento superior, estaba más pendiente de Gnabry y de la suplencia de su admirado Hravetz.

Yo no quitaba ojo a Kroos, que desde que renovó por el Madrid por un año más (en contra de mi desatinado criterio) parece recuperado para la causa. Ante los bielorrusos, que juegan muy bien al fútbol (apuesto a que finalmente estarán en la Eurocopa), el bueno de Toni dio un cursillo de liderazgo, mando y pegada. Metió un gol de su book particular (su famoso ‘pase’ a la red) y otro de jugón total. Control, amago, recorte de genio y remate al palo que no espera el portero. Un gol de auténtico crack. Mi hijo se rindió al mayor conocimiento de su padre (poco me queda). “Vaya golazo, papá”. Le tranquilicé: “A tu Havertz ya le tocará”.

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