PASABA POR AQUÍ | JORDI PUNTÍ

Sin 10 no hay fútbol

Mientras la Federación española no acepte el símbolo de Infinito como número en las camisetas, lo más lógico es que el 10 sea propiedad de Leo Messi.

Messi celebra un gol con Arthur.
LLUIS GENE
Javier Miguel
Colaborador AS en Barcelona
Actualizado a

Tomo prestada para el título una frase de los amigos de la revista Panenka. La utilizaban para recordar a un 10 puro, de esos que deciden partidos y suelen tener la manija del juego: Alessandro del Piero. El italiano se retiró en el 2014, a los 39 años, y su recuerdo me lleva a otro 10 superlativo del calcio, Francesco Totti. Me fijo en ellos y me pregunto si el 10 en la espalda no habrá dejado de representar al organizador del juego. La simbología del número, digamos, ha acabado superando a la posición en el campo, y hoy en día muchos equipos lo reservan para su estrella, sin especial aprecio al lugar en que juegue. David Silva, por ejemplo, merecería el 10 en el Manchester City, y sin embargo lo lleva el Kun Agüero. Casos similares son el de Mané en el Liverpool, o Harry Kane en el Tottenham.

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A los que somos mitómanos nos molesta un poco que no se dignifique el 10 que llevaron Zico, Zidane o Maradona con un buen organizador de juego, como hacen a su manera Oyarzabal en la Real Sociedad, Torres en Osasuna, o Modric en el Real Madrid —aunque el equipo blanco ha dado tradicionalmente más importancia a su 7: ahí están Amancio, Raúl, Cristiano y, ahora, Hazard—. Todo lo cual me lleva al particular caso del FC Barcelona.

Mientras la Federación española no acepte el símbolo de Infinito como número en las camisetas, lo más lógico es que el 10 sea propiedad de Leo Messi. Su juego entra en el catálogo de los mejores dieces de la historia..., y lo desborda. En realidad, cuando Iniesta nos encandilaba, su 8 en la camiseta escondía otro 10. Hoy en día, sin embargo, cuando Messi está lesionado el Barça no tiene ese jugador que se sienta cómodo en el balcón del área, que sepa combinar desde la izquierda y encuentre la salida a esos partidos que son como laberintos defensivos. Griezmann y su habilidad para jugar al primer toque podrían ofrecer algún día ese perfil de 10 sin 10 en la espalda, pero la paradoja es que a lo mejor solo lo aprenderá cuando Messi vuelva por fin a jugar.

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