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El rabotazo feudal de Peter Lim

La paz de esta semana sin fútbol se alteró ayer de repente cuando supimos del intempestivo despido de Marcelino como entrenador del Valencia. He ahí una decisión arbitraria. Podía entenderse la pretensión frustrada de Peter Lim de vender a Rodrigo. Se trataría de recuperar 60 millones; él se ha pillado más dinero que eso en la operación del Valencia. Pero despedir a Marcelino no tiene ningún provecho económico, sino al revés, porque tendrá que pagarle, y también a su sucesor. Sólo sirve para alterar al valencianismo, que estaba feliz con su entrenador. Es un grosero alarde de principio de autoridad.

No era ningún secreto que el dúo Alemany-Marcelino estaba chocando con Peter Lim a cuentas de por dónde seguir el proyecto. Lim quiere dar tijeretazos. Alemany tenía un plan de desarrollo ambicioso que le hubiera devuelto la inversión a Peter Lim transitando senderos más altos y nobles. Alemany ha sido exquisitamente discreto en el asunto, a pesar de los desplantes que ha sufrido. Marcelino, obligado a comparecer más de una vez por semana ante la prensa, no ha podido rehuir constante la cuestión y ha tenido que comentarla alguna vez, a mi modo de ver con bastante prudencia. Pero ha pecado a ojos del amo.

Así que le ha echado y trae a Celades, en la idea de que hará un equipo barato tirando de cantera. Ojalá le salga bien. Pero Lim, del que esperaba más, ha cometido un pecado de soberbia feudal. Valencia está atónita ante esta barbaridad justo cuando el club había entrado en una senda prometedora después de años de desconcierto. Valencia y el valencianismo pagan ahora haber tenido que acudir a un capitalista exótico y caprichoso por los dispendios de valencianos valencianistas que llevaron el club tan mal que nadie en la ciudad se atrevió con su herencia. Y ahora la ciudad mira lo que está pasando el Málaga con Al Thani y se echa a temblar.