ARNAU BAQUÉ

Lo que pudo ser y al final no fue

Al fin y al cabo, esta ha sido un campeonato de contrastes, donde el empate ante el Celta ha cerrado las aspiraciones de una temporada que pudo haber sido extraordinaria.

As.com
Redacción Diario As
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Este es un artículo con cierto regusto entre la melancolía y el desencanto. Agria combinación provocada por el devenir de una temporada que ha sido un vaivén emocional y que, salvo milagro de última hora, acabará sin poder clasificarnos para competición europea, algo que desgraciadamente empieza a ser la tónica habitual tras aquella recordada final en Glasgow. La temporada empezó de forma casi inmejorable, con el equipo jugando un fútbol de altos vuelos y con la moral por las nubes. Tanto fue, que pudimos ser líderes bien superada una cuarta parte del campeonato liguero, en aquellas jornadas donde jugábamos de tú a tú contra rivales de la talla del Sevilla o el Valencia y cuando el equipo, a pesar de su irregularidad fuera de casa, era reconocible semana tras semana. Todo eso fue degenerando progresivamente por diversas circunstancias que todos conocemos sobradamente. El equipo empezó a perder la solidez, a mostrarse frágil física y mentalmente. La rigidez táctica seguramente tampoco ayudó y la época de vacas flacas llegó de forma casi repentina, despertando de aquel precioso sueño que nos había hecho pensar en cotas casi tan quiméricas como maravillosas..

Al fin y al cabo, esta ha sido un campeonato de contrastes, donde el empate ante el Celta ha cerrado las aspiraciones de una temporada que pudo haber sido extraordinaria y que se quedó en un bonito sueño otoñal, con el anhelo de volver a vivir épocas mejor y meterse en Europa de una vez por todas. Algo así como un deja vú de las últimas temporada pero más acentuado.

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